En Why Not Magazine hablamos con Alexandra Roma, una de las voces imprescindibles de la literatura romántica de nuestro país. Publica su nuevo libro, ‘Tantas veces como respiro’, la primera parte de la bilogía ‘Algo como nosotros’.

Con una trayectoria literaria más que consolidada, Alexandra Roma continúa explorando nuevas formas de emocionar a sus lectores sin perder de vista aquello que define su pluma: personajes humanos y heridos, romances intensos y una búsqueda constante de autenticidad. Tras el éxito de la bilogía ‘Fugaces pero eternos’ y ‘Las alas que inventamos’, ahora regresa a las librerías con ‘Tantas veces como respiro’: la primera parte de una su nueva bilogía, ‘Algo como nosotros’, donde se adentra en el universo de la actuación y la fama.

La escritora madrileña reflexiona sobre la complejidad emocional de Sadie y Dacre —sus nuevos protagonistas— y el precio de interpretar un papel incluso fuera de las cámaras. Entre rodajes ficticios, heridas familiares y segundas oportunidades, Alexandra Roma nos habla de inspiración, identidad y de cómo, en el fondo, todos terminamos actuando para proyectar una versión concreta de nosotros mismos.

Charlamos con Alexandra Roma

Why Not Magazine: Cuarta novela con Editorial Planeta, pero la undécima si contamos todas las que has publicado. ¿Da vértigo haber sobrepasado ya la década respecto a número de libros?

Alexandra Roma: La verdad es que sí. Sobrepasar las diez novelas significa que llevo muchos años haciéndolo y que no he parado desde entonces. Muchas veces es complicado identificar tus sueños y pasiones, así que está bien por lo menos haber sabido encontrar y cumplir los míos.

WN: ¿Qué te sigue emocionando de ver una nueva historia tuya publicada?

AR: La libertad de poder escoger. Es decir, como autora me permito no ceñirme nunca a modelo de escritura concreto. Siempre tiene que haber un romance en mis historias, eso sí, porque es el motor que me activa, pero me permito experimentar. Creo que eso es lo que me mantiene viva como escritora: el no forzar la inspiración.

WN: Cuando cruces una segunda década, ¿crees que esa emoción permanecerá, continuará estando ahí o se irá desvaneciendo?

AR: Cuando recuerdas qué es lo que te gusta de verdad, nunca se va la magia. Hay que escribir lo que a uno le apetezca, con esa ilusión de que sea publicado, pero especialmente siéndose fiel a uno mismo. Y siempre que lo hagas, las historias nacerán desde la autenticidad.

WN: Este 29 de abril regresabas a las librerías con Tantas veces como respiro, el comienzo de una bilogía. ¿Te ha resultado sencillo volver a explorar una historia de dos partes tras Fugaces pero eternos?

AR: Escribir una bilogía nunca es fácil, y más si te empeñas en escribirlas del tirón, sin descanso, como he hecho. En el caso de esta nueva historia, sabía que tenía que estar dividida en dos instantes, en dos momentos vitales muy marcados y diferenciados. Cuesta escribir dos libros porque dedicas muchas horas del día y también coges mucho cariño a los personajes.

WN: ¿Prefieres escribir entonces libros autoconclusivos o sagas?

AR: Si te soy sincera, prefiero autoconclusivos, tanto para leer como escribir. Pero sí que es cierto que, si una historia me pide ser dos libros, siento que debo hacerlo así.

Alexandra Roma regresa con 'Tantas veces como respiro' | Fotografía: Javier Ocaña - Cedida por Editorial Planeta

Alexandra Roma regresa con ‘Tantas veces como respiro’ | Fotografía: Javier Ocaña – Cedida por Editorial Planeta

WN: Recuerdo que, en la última entrevista que hicimos, me dijiste que lo primero que haces al comenzar una historia es elegir el alma de los personajes. ¿Qué alma tienen Sadie y Dacre, los protagonistas de Tantas veces como respiro?

AR: Es verdad que siempre hago eso, que elijo el alma de la historia antes de empezar, pero tenía muy claro cómo quería que fuera Sadie: un gato negro. Una persona arisca que se lame sus propias heridas. Sin embargo, con Drace me pasó al revés: quería que fuera un “Golden retriever” y me salió una serpiente. Así que diría que estas son las palabras que mejor les definen.

WN: ¿En qué momento nacieron estos personajes?

AR: Nació cuando se estrenó Crepúsculo, y fíjate si han pasado años. En aquel momento, era periodista cultural como becaria y me tocó cubrir el estreno de la película en España. Recuerdo que me llamó mucho la atención el ver cómo unas personas tan jóvenes podían enfrentarse a un fenómeno tan grande como aquel de repente, y desde entonces supe que quería escribir este libro. Hace poco estudié producción por placer y, hablando con algunos compañeros actores, salió este mismo tema. Me parecía interesante abordarlo y me lancé a ello.

WN: Sadie y Dacre son muy distintos entre sí, pero comparten prácticamente un mismo bagaje: esa sensación de no pertenencia, de no encajar. ¿Cómo los describirías?

AR: Sadie viene de familia muy artística, aunque es cierto que su vocación por la actuación le viene más porque realmente le gusta, porque le parece que ahí está la magia de la vida. Ella llega al rodaje queriendo demostrar que es más que un apellido y que va a conseguir todo lo que se proponga. Drace, por su parte, se encuentra en Las Vegas cuando una representante se fija en él. Se mueve por dinero, por querer ser el nuevo Robert Pattinson y por eso creo que chocan tanto: ella ama su trabajo y él, el dinero.

No obstante, lo que les acaba uniendo es que, no solo actúan antes las cámaras, también lo hacen para sí mismos; dejan de saber en qué momento están fingiendo. Los dos son actores en sus propias vidas. Y cuando reconocen en el otro las heridas, empiezan a ser humanos y la actuación deja de ser actuación.

WN: ¿La actuación para ellos es entonces una mera fachada para ocultar todo lo que en realidad cargan a sus espaldas o de verdad existe una cierta vocación?

AR: Sadie sí tiene vocación, pero creo que muchas veces lo elige por las razones equivocadas porque se lo han negado demasiado. Lo hace más por ese pensamiento de “fastídiate, que lo voy a lograr” en contra de su madre, por lo que acaba envenenándose.

WN: ¿Qué sucede cuando se apagan las cámaras?

AR: En el caso de Drace, acaba quedándose una persona muy dolida y superviviente que se cree que está por encima de las circunstancias, pero ¿de qué sirve vivir si lo único que haces es sobrevivir? Y de Sadie queda una autoestima muy dañada, donde busca aparentar que nada le afecta y que es independiente cuando puede que lo único que necesite sea un abrazo.

WN: ¿Cuál es el precio a pagar por tener un minuto de reconocimiento y de éxito para calmar las voces de sus cabezas y demostrar más a los demás antes que a sí mismos?

AR: Drace sería el tipo de persona que paga un precio demasiado alto y quizá, cuando se empieza a dar cuenta de lo que está haciendo, no sabe cómo corregirse. Y yo creo que Sadie, a pesar de todo, siempre tiene claro cuáles son los límites. Ella es honesta consigo misma mientras que él se piensa que es más villano de lo que luego es capaz de asumir.

WN: ¿Sientes que esto pasa igual ahí fuera? Que todos acabamos actuando en la vida.

AR: Creo que a menor escala porque no tienes que fingir en tantos procesos como ellos, pero sí. Todos tendemos a actuar porque queremos acabar proyectando una imagen concreta de nosotros mismos.

WN: Los personajes secundarios también tienen un peso importante en la historia: los padres de ambos, el hermano de Sadie, la abuela de Dacre… ¿Qué papel juegan en la construcción emocional de los protagonistas?

AR: Los niños son esponjas y van construyéndose y definiendo su personalidad en función de su entorno. Drace pasa por tener a una abuela con demencia a vivir un proceso de adopción complicado que le hace desconfiar del resto. Desconfía y se acaba priorizando por encima de los demás. Sadie, por su parte, tiene que convivir con una madre que le pone constantemente la zancadilla y que la trata mal, aunque su mellizo es como una lucecita para ella.

WN: La serie ficticia Averno también parece casi un personaje más. ¿Cómo construiste ese universo dentro del universo?

AR: Igual que siempre creo a los personajes, mi otra gran pasión siempre ha sido leer y consumir ficción, sobre todo juvenil romántica o paranormal. Así que cuando me animé a escribir esta novela, me propuse crear también esa serie ficticia donde Sadie y Drace actúan. Me parecía interesante esa idea de hacer sentir al lector que ha formado parte del rodaje.

Alexandra Roma construye una ficción donde el mundo audiovisual también es protagonista | Fotografía: Javier Ocaña - Cedida por Editorial Planeta

Alexandra Roma construye una ficción donde el mundo audiovisual también es protagonista | Fotografía: Javier Ocaña – Cedida por Editorial Planeta

WN: El 1 de julio se publica la segunda parte, Cada maldito segundo. ¿Nos puedes adelantar algún detalle de lo que podremos leer en este segundo libro sin hacer spoilers?

AR: Hay un salto temporal entre el primer libro y el segundo: el primero pone el foco de atención en lo que sería el frenesí del rodaje y el segundo, en el reencuentro años después. Lo único que puedo decir es que, para mí, el final de la segunda parte tiene la escena más bonita que he escrito jamás.

WN: Para terminar, y mientras esperamos a ese final, ¿hay alguien, algo o algún recuerdo en tu vida que sientas “tantas veces como respiras”?

AR: Uno de los motivos por los que escogí este título fue porque, en el mundo de la actuación, lo único auténtico que puedes hacer es respirar. Por eso, ‘Tantas veces como respiro’ me recuerda a todas esas personas que me hacen sentir auténtica, sobre todo mis hijos.

 

Imagen destacada: Javier Ocaña – Cedida por Editorial Planeta