En Why Not Magazine hablamos con la escritora Alexandra Roma. ‘Cada maldito segundo’ cierra su bilogía ‘Algo como nosotros’, una historia que se adentra en los entresijos de la industria audiovisual.
Tras ‘Tantas veces como respiro’, Alexandra Roma ha regresado a las librerías con ‘Cada maldito segundo’, la esperada entrega que pone punto final a su bilogía ‘Algo como nosotros’. En esta segunda parte, los caminos de Sadie y Dacre vuelven a cruzarse cuatro años después del arrollador fenómeno de ‘Averno’, dando paso a un reencuentro marcado por la madurez, las heridas del pasado y el desafío de desprenderse de las máscaras impuestas por la fama.
Una despedida definitiva con la que la autora no solo firma la evolución más personal de sus protagonistas, sino que también reivindica la importancia del autodescubrimiento y las segundas oportunidades.
Charlamos con Alexandra Roma
Why Not Magazine: El 1 de julio se publicaba ‘Cada maldito segundo’. ¿Es fácil gestionar emocionalmente el lanzamiento del cierre de una bilogía?
Alexandra Roma: Es complicado resumir lo que se siente al terminar una bilogía porque conviven dos emociones opuestas: por un lado, sientes un alivio enorme y un gran orgullo por haber cerrado la historia como querías tras convivir tanto tiempo con ella; pero, por otro, te invade una profunda tristeza al asumir que es un adiós definitivo. Al principio me dio por entrar en negación, pero cuando me di cuenta de que al día siguiente ya no tendría que escribir sobre mis personajes, me rompió el corazón. Sé al 99,9% que no volveré a profundizar en ellos, y da muchísima pena despedirte para siempre de dos amigos con los que sabes que ya no vivirás nada nuevo.
WN: ¿Este final es cómo siempre lo imaginaste? ¿Estás orgullosa de él?
AR: No es exactamente el final que había imaginado en un principio, aunque sí he mantenido la esencia. Mi intención inicial era escribir algo más comercial y de película, con «fuegos artificiales», pero los personajes se me resistieron; intentaba forzar escenas bonitas, pero no las sentía reales ni en la piel. Tras días de frustración, dejé de poner frases bonitas de cara a la galería y la historia por fin fluyó de forma auténtica.
WN: ¿Sadie y Dacre ha escrito entonces su propio final?
AR: Sí, definitivamente. Aunque parta de una estructura clara, me considero una autora híbrida entre brújula y mapa porque lo que más me importa es conocer a fondo a los personajes y definir el alma de la novela. Para conectar de verdad con ellos escribo muchísimo material de fondo que ni siquiera llega al libro, y por eso les doy tanta libertad a lo largo del proceso. si durante la escritura los personajes se me hubieran rebelado al final y hubiera tenido sentido cambiar el desenlace, sin duda se lo habría concedido.
WN: Precisamente, en ‘Cada maldito segundo’, Sadie y Dacre se reencuentran cuatro años después del fenómeno de ‘Averno’. ¿Qué más esconde este camino que vuelven a transitar juntos?
AR: Quería que los dos libros se sintieran claramente diferenciados para reflejar la evolución de los personajes: si la primera parte plasmaba la inexperiencia, el piloto automático y el modo supervivencia de un rodaje arrollador, en esta segunda entrega, tras cuatro años de reflexión, se reencuentran como personas más maduras que saben qué quieren y qué no repetirían. Me resultaba fascinante explorar la moda de los reencuentros televisivos, donde cobran peso las vivencias del resto del elenco y esa mezcla entre realidad y ficción; esa fachada en la que todo debe parecer maravilloso ante las cámaras mientras el público busca el morbo de ver qué ocurre de verdad entre los protagonistas.
WN: Sadie y Dacre llegan a este reencuentro con muchas heridas, tanto compartidas como individuales. Aunque ambos libros los escribiste del tirón, ¿cómo fue volver a entrar en la cabeza de estos personajes después de ‘Tantas veces como respiro’?
AR: He de aclarar que no he escrito el segundo libro en dos meses; de hecho, escribí ambos del tirón no solo por las exigencias de un mercado donde la novela exige lanzamientos seguidos, sino por ser controladora y poder ajustar detalles sobre la marcha. Entre un libro y otro me tomé un descanso de escritura para documentarme, refrescar la mente y abordar a los personajes con la madurez que exigía el paso de los años. Aunque me dio muchísimo trabajo corregirlos juntos una y otra vez para no perder ningún detalle, valió la pena porque pude verificar que mantenían su esencia mientras mostraban un salto de comportamiento y un gran avance respecto al primero.

Alexandra Roma publica su nuevo libro, ‘Cada maldito segundo’ | Fotografía: Javier Ocaña
WN: Sadie ha logrado su sueño: convertirse en una actriz de éxito. Pero no todo lo que brilla reluce por detrás. Sin ‘spoilers’, ¿en qué punto emocional termina la primera parte y se encuentra tanto tiempo después?
AR: Para mí, Sadie arrastra a lo largo de las dos novelas un problema de identidad. Tiende a definirse a través de la mirada ajena y, aunque intenta ser fuerte, según los ojos que la miren se siente más o menos segura. Tras el fenómeno inicial y una buena racha con papeles de prestigio que la alejaron de esa etiqueta injusta de “mala actriz” tan típica de lo juvenil, ahora enfrenta el inevitable tropiezo tras haber elegido malos proyectos, sumado a una pareja que tampoco la ve como necesita.
Su punto de partida en esta historia es el miedo y la vulnerabilidad de quien, habiéndolo alcanzado todo, debe aprender a gestionar por primera vez el fracaso y la duda de si volverá a encontrar su camino.
WN: Si Sadie representa, en cierto modo, el peso del éxito, ¿Dacre encarna la renuncia? ¿O sería simplificar demasiado a un personaje tan complejo?
AR: Drake aquí es, por fin, libre. Al no estar atenazado por el miedo —que es lo que normalmente te enturbia la mirada y te paraliza—, puede ver las cosas con absoluta claridad, enfrentarse a lo que venga y actuar sin ataduras, sabiendo que la única opción que tiene es quedarse como está o ganar.
WN: Entre ellos, si Sadie y Dacre se reencontrasen con los Sadie y Dacre de hace cuatro años, ¿se verían reflejados el uno en el otro o han cambiado muchas cosas?
AR: Aunque ambos han cambiado muchísimo, creo firmemente que necesitaban transitar este camino y equivocarse para poder evolucionar; si Drake no hubiera cometido sus errores, por ejemplo, seguiría siendo el mismo tipo inaccesible de hace cuatro años. Sufrir les permitió descubrirse y conectar con sus propias vulnerabilidades e inseguridades, algo imposible de hacer cuando vives parapetado tras barreras defensivas. Hoy no se reconocerían al mirar al pasado porque saben cuánto han madurado, pero asumen que todo ese recorrido era indispensable para ser quienes son.
WN: Más allá de ellos a nivel individual, esa conexión que comienzan a construir en ‘Tantas veces como respiro’ continúa ahí, quizá de una forma diferente, más madura. ¿Qué amor dirías que exploras en esta novela?
AR: Creo que la novela habla de las segundas oportunidades y de cómo el amor se impone aun cuando intentas evitarlo. El arrepentimiento no se demuestra con palabras, sino con hechos y con tiempo; por eso, aunque ambos se repitan que no quieren estar juntos, sus acciones no paran de decir lo contrario. De forma casi inconsciente, van construyendo una relación a través de los pasos adecuados: esa forma de amar en la que te preocupas y actúas bien sin pretender nada a cambio, solo porque el bienestar de la otra persona te importa más que la propia relación.
WN: ¿Todos nos merecemos una segunda oportunidad?
AR: No creo que todo el mundo se merezca una segunda oportunidad, pero en este caso siento que Drake se la gana, y lo bonito es que lo hace sin pretenderlo ni seguir ninguna estrategia. Hay vínculos que se rompen para siempre y no deben retomarse, pero a veces sí merece la pena apostar por una segunda oportunidad cuando las acciones nacen desde un lugar sincero.
WN: Cuando hablamos para ‘Tantas veces como respiro’, te dije que esta pregunta la dejaba para este momento, para cuando se publicara el segundo libro. Después de todo, ¿qué poso buscas dejar en tus lectores a través de la bilogía completa?
AR: Más allá de que los lectores disfruten viviendo desde dentro un rodaje, una promoción y un reencuentro, me haría muy feliz que la novela sirviera para invitar al autodescubrimiento. Aunque esté llevado al extremo a través de la vida de los actores, en el fondo esta bilogía habla de quitarse las máscaras, liberarse de las expectativas ajenas y revisar quién eres realmente en cada etapa. Muchas veces pasamos años persiguiendo metas que fijamos hace tiempo sin pararnos a pensar si nos siguen haciendo felices en el presente. Por eso, mi mayor deseo es que al cerrar el libro la gente se haga esa misma pregunta: quién es cuando deja de actuar y qué es lo que de verdad quiere hoy.

‘Cada maldito segundo’ cierra la bilogía ‘Algo como nosotros’ | Fotografía: Javier Ocaña
WN: Y tú, ¿qué crees que te llevas de Sadie y Dacre que permanecerá en ti a partir de ahora?
AR: Esta novela siempre tendrá un lugar muy especial en mi corazón porque me ha devuelto la ilusión y me ha reconectado de lleno con la escritura. Venía de un bloqueo creativo, atrapada entre tantos estímulos y la presión de querer hacer algo puramente comercial, pero la llegada de estos personajes me permitió dejarme llevar de nuevo, ir a ciegas y volver a disfrutar de la pura magia de escribir y sentir. Me recordó exactamente por qué amo esto, como cuando tenía dieciséis años y escribía sin filtros por el simple placer de hacerlo; de hecho, gracias a ellos he recuperado un ritmo de escritura lleno de ganas e historias que realmente me apasionan.
WN: Para terminar, si te diesen solo un segundo para recordar una escena de la bilogía, ¿cuál sería?
AR: La escena del baile de máscaras. No diré más sobre ella, pero estoy segura de que, quién la haya leído, entenderá a lo que me refiero.
Imagen destacada: Javier Ocaña – Cedida por Editorial Planeta

