En Why Not Magazine, te descubrimos a Elena Verona, una cantautora barcelonesa que redefine el pop-rock fusionando la nostalgia de los dos mil con el espíritu de la cultura ‘booklover’.
Hay miradas que guardan historias completas, pero que terminan por desvanecerse en un parpadeo sin que nadie se atreva a rescatarlas. En algún rincón entre las calles de Barcelona y las puertas abiertas de una cafetería, una joven compositora ha decidido que sus confidencias y pequeños matices cotidianos no se queden atrapados en lo efímero. Ella es Elena Verona, y ha irrumpido en la escena musical con la firme vocación de otorgar una voz exacta a todo aquello que una generación padece de forma silenciosa pero que, a menudo, no logra descifrar con palabras.
Esta cantante catalana da forma a un pop-rock de tintes adolescentes que se desmarca por completo de los moldes comerciales habituales. Su verdadera identidad artística reside en la capacidad de entrelazar sus acordes con su pasión por la literatura, haciendo de su música un espejo para quienes se sienten incomprendidos. Tiene un objetivo claro: dar refugio a quienes sienten que nunca han ocupado un papel protagonista.
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Un diario íntimo de Elena Verona hecho canciones
Esta combinación de literatura y pop se refleja en el recorrido discográfico de Elena Verona. Ya se vislumbraba en composiciones como ‘Tan Ridícula’ o ‘¿Qué se siente???’, y se afianza ahora a través de su reciente nueva propuesta titulada ‘Ojos marrones’.
Este último proyecto, concebido como una declaración para ese amor platónico del que jamás logramos descifrar su desenlace, ha sido moldeado a nivel creativo y de producción junto a los artistas Neva, Jonathan Burt y Loren Fernández, integrantes de la banda Meler. El single, complementado por un cuidado diseño de vestuario y una pieza audiovisual lírica, es un manifiesto melódico que nos advierte de que el silencio no basta para darse a conocer; también hay que revelarse a través de la música.
La intimidad atrapada en el escenario
La misma calidez que Elena Verona consigue transmitir a través de unos auriculares al darle ‘play’ a su música se traslada a lo físico. A ese lugar donde parece que el tiempo se detiene y ya nada más importa. Sus actuaciones en directo han dejado impronta tanto en citas de carácter más privado como en auditorios de gran prestigio en nuestro país, entre los que destacan el Auditori de Barcelona, el Hard Rock Café de Madrid y la histórica Sala Morocco de la capital.
Ya sea arropada por su ukelele o por su guitarra acústica, la joven artista constata que su música es un refugio tangible; para ella, pero también para su público. Es, en definitiva, el altavoz idóneo para todas aquellas almas que alguna vez soñaron con tomar las riendas de su propio relato.
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Las ‘romcom’ también tienen su protagonismo
En la era en la que vivimos, donde la imagen pesa más que la palabra, el formato visual también tiene una importancia clave dentro del universo musical de Elena Verona. Su propuesta estética y musical se nutre con orgullo de la nostalgia desbordante de los años noventa y el inicio de los dos mil, rescatando una atmósfera luminosa, vitalista y esencialmente femenina.
Al explorar las fuentes de las que bebe su imaginario visual, resulta inevitable rememorar el anhelo inocente de figuras de la pequeña y gran pantalla como Penelope de ‘Los Bridgerton’, Josie en ‘Never Been Kissed’, la joven Sam de ‘A Cinderella Story’ o Bianca en la cinta ‘The Duff’. En sus canciones también resuenan la excentricidad entrañable de Luna Lovegood —con sus icónicas gafas ‘spectrespecs’—, así como la autenticidad de personajes como Barbara en ‘Stranger Things’, Paris de las emblemáticas ‘Gilmore Girls’ o Rita en ‘Velvet’.
Elena Verona no es solo una artista que lanza canciones al viento; es una narradora que edifica un hogar con sus acordes para que nadie vuelva a sentirse invisible. En un mundo que a menudo camina demasiado deprisa, escucharla es como abrir de nuevo nuestro libro favorito. Al final del día, sus composiciones nos dejan una certeza reconfortante: la de que nuestras pequeñas rarezas y nostalgias también merecen ser cantadas en el escenario de la vida.
Imagen destacada: Cedida por su equipo de management
