En Why Not Magazine hablamos con Alejandra Beneyto, la escritora alicantina que está conquistando los corazones más lectores. ‘El verano que fuimos libres’ es su última novela.

En 2024 hablábamos por primera vez con Alejandra Beneyto, una autora que había construido su camino desde la autopublicación hasta llegar a una gran editorial. Desde entonces, su trayectoria ha seguido creciendo con tres nuevas publicaciones, entre ellas ‘Ese quizá llamado nosotros’ y ‘La luz de todos nuestros otoños’. Lejos de mirar este recorrido desde la distancia, Beneyto lo afronta con los pies en la tierra, como una carrera de fondo en la que cada libro supone un nuevo paso.

Ahora vuelve con El verano que fuimos libres, una historia nacida hace años y transformada con el paso del tiempo, al igual que su propia mirada como escritora. A través de Wes y Elise, dos personajes marcados por la pérdida y unidos por una conexión que desafía el paso de los años, la autora explora la evolución de los vínculos, las segundas oportunidades y la forma en la que nuestras experiencias nos moldean. En esta conversación hablamos sobre la creación de esta novela, el peso de las estaciones, la evolución de la literatura romántica y esos espacios de reflexión que busca dejar en sus historias.

Charlamos con Alejandra Beneyto

Why Not Magazine: En 2024, hablábamos por primera vez. Desde entonces, han llegado tres libros en total. ¿Qué sientes al ver el camino recorrido y que todo comienza a dar sus frutos?

Alejandra Beneyto: A veces miro atrás y me sorprendo de todo lo que ha pasado en tan poco tiempo. Aunque ya había autopublicado y tenido una pequeña experiencia editorial, dar el salto a una editorial como Crossbooks fue un cambio muy grande. Mi vida sigue siendo muy normal, sigo con mi trabajo y prefiero tomarme esto como una carrera de fondo, más aún en un momento complicado para el sector. Es verdad que con ‘La luz de todos nuestros otoños’ sentí por primera vez que todo estaba creciendo, pero mi intención sigue siendo avanzar libro a libro y disfrutar del proceso paso a paso.

WN: ¿En algún momento llegaste a imaginar todo lo que estarías consiguiendo años después de ‘Pregúntame si me importas’, aquel primer libro autopublicado?

AB: La verdad es que no. Cuando autopubliqué tenía 27 años y estaba empezando a construir mi vida adulta, así que lo hice sin una expectativa clara. Tenía una visión muy idealizada del mundo editorial y pensaba que publicar y triunfar era casi inmediato, pero tampoco era ese mi objetivo. Después pasé varios años sin publicar por motivos personales, como la maternidad, y nunca imaginé que volvería de la mano de un sello tan importante. En aquel momento, además, las grandes editoriales todavía no estaban apostando por las autoras que veníamos de Amazon, así que un escenario como el que estoy viviendo ahora ni siquiera se me pasaba por la cabeza.

 

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WN: En tus historias siempre pones el foco de atención sobre las relaciones y las emociones; también por vena psicóloga. ¿Ha evolucionado tu mirada sobre estos temas desde tus primeras novelas?

AB: Sí, sin duda. Han pasado más de diez años desde que empecé a escribir y, en ese tiempo, mi forma de mirar las relaciones también ha evolucionado. La maternidad ha sido una experiencia muy transformadora para mí y, además, la novela romántica y la sociedad en general han cambiado mucho en la manera de entender ciertos vínculos. De hecho, he retirado algunas de mis primeras novelas porque hoy no escribiría determinadas situaciones que entonces se presentaban como románticas y que ahora considero conductas tóxicas, como insistir cuando alguien ha dicho que no.

No reniego de esa etapa, porque era fruto de un contexto y de una mirada distinta, pero sí creo que tanto el género como yo hemos evolucionado hacia una forma mucho más consciente de contar las relaciones.

WN: ‘El verano que fuimos libres’ nos comienza teletransportando a Santa Mónica (California) donde conocemos fortuitamente a Wes y Elise, como también lo harán ellos. ¿Cómo llega hasta ti esta historia? ¿Cómo nace?

AB: Empecé a escribir esta historia en octubre de 2019 y, aunque la he reescrito mucho, todavía conserva la esencia de aquella primera idea. Lo primero que tuve claro fue el encuentro inicial entre los protagonistas, esa noche de verano con un aire casi de película romántica de los 2000. Sin embargo, no sabía cómo iba a continuar la historia, así que la dejé aparcada durante un tiempo mientras escribía otras cosas.

Con los años fui encontrando las piezas que faltaban y la propia historia me fue llevando de la mano. Mirando atrás, me alegro de que haya necesitado tanto tiempo para terminarla, porque si la hubiera escrito entonces habría sido una novela muy diferente; creo que esta es la historia que realmente tenía que contar.

WN: ¿Qué te animó a recuperar esa idea inicial que dejaste aparcada?

AB: Hubo una parte muy pragmática y otra más emocional. Tenía una fecha de entrega, la novela en la que estaba trabajando no terminaba de funcionar y necesitaba encontrar una alternativa; entonces, recuperé esta historia. De vez en cuando volvía a abrir el manuscrito, añadía alguna escena o algún detalle, pero siempre sentía que todavía no era su momento y que necesitaba dedicarle una inmersión completa. La oportunidad llegó cuando pude coger unos meses de excedencia en el trabajo, coincidió con esa fecha de entrega y sentí que por fin todos los planetas se alineaban. Se la propuse a mi editora, le gustó la idea y así fue como la historia encontró, por fin, su momento.

WN: Wes y Elise son dos polos opuestos, o eso creen porque, detrás de esta contrariedad de personalidades, ambos forjan un hilo de unión. ¿Cómo trazarías tú sus mapas individuales?

AB: Lo que más me gusta de ellos es que funcionan como un espejo, pero a la inversa. Los dos están marcados por la pérdida: él por la de su hermano, que era su alma gemela, y ella por la de su madre, que era su apoyo. Sin embargo, afrontan el duelo de maneras muy distintas: él tiene muchas dificultades para aceptar lo que ha pasado, mientras que ella ha aprendido a convivir con la pérdida y a vivir desde la forma en la que su madre le enseñó. Me interesaba mucho ese contraste porque, aunque él aparentemente lo tiene todo —familia, estabilidad y una posición privilegiada—, ella posee una serenidad y una fortaleza interior que él no tiene. Él admira esa capacidad de ella para salir adelante y aceptarse, mientras que ella admira su lucha constante y la persona que sabe que puede llegar a ser. Creo que precisamente esa diferencia es lo que los conecta.

WN: ¿Es entonces ese espejo que mencionas lo que les une realmente?

AB: Creo que entre ellos hay una atracción instantánea que no saben explicar. Puede tener ese punto de conexión inmediata que a veces encontramos en una persona, aunque normalmente no sea algo que me interese especialmente en las historias románticas. En su caso, creo que funciona porque ambos se encuentran en un momento concreto: ella está en una etapa de apertura y plenitud al llegar a una nueva ciudad, y él está perdido, sin saber muy bien quién es. Esa primera noche es importante porque él se muestra ante ella sin todas las capas que lleva asociadas a su vida y a quién es, simplemente siendo él mismo. Todo lo que construyen después nace de esa conexión inicial y de esa versión más auténtica que descubren el uno del otro.

WN: Aunque la conexión entre ellos está ahí desde el principio, la vida los lleva por diferentes caminos. ¿Qué buscabas explorar a través de esos encuentros y desencuentros a lo largo del tiempo?

AB: Quería explorar cómo las personas evolucionamos y cómo esos cambios afectan a nuestros vínculos. A veces coincidimos con alguien en un momento concreto de la vida y encajamos perfectamente, pero en otra etapa quizá esa conexión ya no es la misma, aunque siga existiendo cariño o una buena relación. Me interesaba mostrar cómo ellos van creciendo, cómo se encuentran, se acercan y también se separan porque su evolución no es lineal. Ambos cambian, incorporan experiencias y se vuelven más vulnerables en algunos aspectos, y quería reflejar cómo vamos moldeándonos con el tiempo y cómo eso transforma la manera en la que conectamos con los demás.

WN: ¿Cuál fue el mayor reto a la hora de dar forma y vida a su evolución emocional? Una evolución donde debe notarse madurez y crecimiento.

AB: El mayor reto, más allá del tiempo que tenía para escribir, fue controlar todo lo que ocurría durante los saltos temporales de la novela. Necesitaba tener muy claro en qué punto estaban ellos en cada momento a nivel personal, familiar y profesional porque, aunque esos años no se cuentan, tienen que sentirse en la historia; era importante saber qué experiencias habían vivido, qué decisiones habían tomado y cómo esas circunstancias los habían transformado.

En el caso de ella, cómo había evolucionado su vida personal, profesional y su relación con su familia; y en el de él, cómo ciertas responsabilidades y decisiones lo habían llevado a una situación que no era la que quería. Era un trabajo invisible, pero fundamental para que la evolución de los personajes tuviera sentido.

WN: ¿Crees que hay personas destinadas a encontrarse siempre o somos nosotros quienes construimos nuestro propio destino?

AB: Creo que las casualidades existen, pero también creo que nosotros tenemos mucho que ver en lo que ocurre después. Puede haber una coincidencia que nos lleve a encontrarnos con alguien, pero son nuestras pequeñas decisiones, conscientes o no, las que terminan dando forma a esa casualidad. Me interesa mucho esa idea de las sincronías de Carl Jung, de que hay momentos que parecen ocurrir cuando tienen que ocurrir. En la historia, aunque los encuentros entre ellos parten de la casualidad, también hay una elección por ambas partes de acercarse y de exponerse a lo que puede pasar. Al final, las casualidades pueden abrir una puerta, pero son nuestras elecciones las que deciden qué hacemos con ella.

 

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WN: A menudo escuchamos esa famosa frase de “persona correcta, momento equivocado”. ¿Compartes este pensamiento o piensas que el momento adecuado también se construye?

AB: Pueden ser las dos cosas. Hay momentos en los que realmente no es el momento, sobre todo cuando somos jóvenes y estamos construyendo nuestra identidad, nuestra vida personal y profesional. A veces una relación puede hacer que dejemos de lado una parte importante de nosotros mismos, y eso puede acabar pasando factura. Pero también creo que, cuando una historia con una persona se repite una y otra vez, llega un punto en el que hay que tomar decisiones y poner de nuestra parte para que pueda funcionar. Las circunstancias importan, pero también importa cómo elegimos construir a partir de ellas.

WN: Siempre me gusta dar espacio a los personajes secundarios: en este caso, a Sam, Evie, Laurie, Mark… ¿Qué peso tienen ellos no tanto en la historia, sino más bien en el camino de Wes y Elise?

AB: Creo que los personajes secundarios son una herramienta maravillosa para quienes escribimos, porque no solo sirven para mover la trama, sino también para mostrar los pensamientos de los protagonistas, generar conversaciones y abrir espacios de reflexión tanto para los personajes como para quienes leen. En esta novela, personajes como Sam, Mark y Luke cumplen sobre todo esa función de apoyo y de diálogo, mientras que otros, como Lori o los hermanos de Wes, tienen un papel más enfocado a la acción, a provocar situaciones y obligar a los protagonistas a tomar decisiones. Para mí, todos ellos son importantes porque ayudan a construir la historia desde diferentes lugares.

WN: El verano también tiene un fuerte protagonismo en la novela, casi como si fuera un personaje más. Marca ese inicio, el comienzo de todo. ¿Por qué esta estación?

AB: Aunque la novela tenía que ser de verano, la realidad es que esa estación ya estaba en la esencia de la historia porque todo nace de esa primera noche: un festival, la playa, la música, las luces y esa sensación de libertad que asociamos al verano. Más allá de cuestiones editoriales, quería que la atmósfera acompañara la trama, como ocurre con las novelas estacionales. Si ‘La luz de todos nuestros otoños’ tenía un tono más nostálgico y de regreso a casa, con esta novela quería transmitir esa energía más ligera, de descubrimiento y de romper con lo que creemos que será nuestra vida. Quería que esa sensación de libertad y de posibilidad impregnara toda la historia, no solo a través de la ambientación, sino también del mundo interior de los personajes.

WN: ¿El verano nos hace ser más libres?

AB: Durante mucho tiempo pensé que el verano era simplemente una estación más, pero con los años he visto que tiene una energía diferente. Cuando llega la vida adulta, y especialmente con niños pequeños, se percibe mucho esa ruptura con la rutina: cambian los horarios, las oficinas, hay más viajes, reencuentros y una sensación general de movimiento distinto. Creo que, en determinadas circunstancias, el verano aporta una flexibilidad que no tienen otras épocas del año. También soy consciente de que no todo el mundo vive el verano igual y de que puede ser una época complicada para muchas personas, especialmente por las condiciones actuales y las desigualdades. Pero desde una situación de privilegio, pudiendo disfrutar de vacaciones, ocio o descanso, sí creo que tiene ese punto de libertad y de cambio que lo hace especial.

WN: Si pudieras destacar una sola emoción del libro, ¿qué te gustaría que sintieran tus lectoras al descubrir lo que esconde ‘El verano que fuimos libres’?

AB: Me gustaría que mis novelas, además de entretener, dejaran un espacio para la reflexión. Mi objetivo principal es que quien lea disfrute, se evada y pase un buen rato, pero creo que la ficción también puede ser una herramienta muy poderosa para hacernos preguntas, emocionarnos y mirar ciertas cosas desde otra perspectiva. A través de mis personajes intento plantear temas que inviten a pensar: como ocurre en esta novela con alguien que aparentemente lo tiene todo pero que, por dentro, está completamente roto y atrapado por sus propias circunstancias. Si además de disfrutar de la historia el lector se queda con alguna reflexión o algo que le haya tocado por dentro, para mí es un valor añadido.

 

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WN: ¿Qué has aprendido tú escribiendo esta historia?

AB: Esta novela me ha ayudado a reflexionar mucho sobre la seguridad, especialmente sobre la diferencia entre la seguridad que tenemos y la que percibimos. He aprendido que no siempre está relacionada con el privilegio económico, sino también con sentirse acompañado y cuidado a nivel emocional. Un personaje puede no tener estabilidad material, pero sentirse a salvo porque ha contado con alguien que le ha dado ese apoyo. Me ha hecho pensar mucho en cómo la seguridad que construimos durante la infancia puede acompañarnos toda la vida, o cómo la ausencia de ella puede marcar nuestra forma de enfrentarnos al mundo.

WN: Para terminar, ¿recuerdas un verano en el que tuvieras la misma sensación de libertad que Wes y Elise?

AB: Guardo mucho cariño a los últimos veranos del instituto, porque los recuerdo como una época de mucha libertad, cuando las preocupaciones eran mucho más sencillas. Después llegó la etapa de trabajar y las responsabilidades cambiaron, así que esos veranos previos tienen un valor especial para mí. Ya de adulta, recuerdo especialmente un verano de 2017, cuando vivía en Alemania y tenía previsto irme después a Francia, pero los planes cambiaron y acabé pasando esos meses en Alicante. Fue un verano inesperado, sin trabajo y en un momento de transición, además de coincidir con la publicación de ‘Pregúntame si me importas’, y lo disfruté muchísimo.

 

Imagen destacada: @alebeney (Instagram de la autora)