En Why Not Magazine hablamos con Marina Cotanda sobre su debut literario, ‘Sin querer, nosotros’. Una historia que desmonta los clichés de las relaciones tóxicas, explora la importancia de priorizarse y reivindica el poder del amor y la amistad.
Entre el refugio de las páginas ajenas y la urgencia de trazar una voz propia, Marina Cotanda aprendió desde muy pequeña a contemplar el mundo a través del filtro de la empatía. Su fascinación por desentrañar la mente humana la llevó hacia la Psicología, una formación que no hizo más que alimentar su vocación de contar historias y profundizar en los mapas emocionales de las personas.
Tras alejarse temporalmente de los folios en blanco para responder a lo que se esperaba de ella, decidió tomar las riendas de su camino y volcar su universo creativo en unas redes sociales donde hoy conecta, desde la autenticidad, con miles de lectores.
De ese acto de valentía y reencuentro personal, además, nace ‘Sin querer, nosotros’ (Suma de Letras), una ‘romcom’ que aborda el amor como un espacio donde cobijarse y reconstruir lo fragmentado. Con el idílico paisaje de Roma como telón de fondo, la novela entrelaza los destinos de Olivia y Nico en un pacto de relación falsa que pronto desafía todas sus barreras defensivas.
Bajo la ligereza del ‘fake dating’ y entre referencias pop tan generacionales como reconfortantes, la obra despliega un fondo de madurez sanadora que explora las secuelas del maltrato, las altas expectativas familiares y la urgencia de desestigmatizar la salud mental. Un debut luminoso que invita a soltar el control y a priorizarse, recordando que los mejores momentos de la vida suelen llegar, precisamente, sin buscarlos.
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Charlamos con Marina Cotanda
Why Not Magazine: Para aquellas personas que no te conozcan, estudiaste Psicología, pero tienes una enorme pasión por las letras. Echando la vista atrás, al pasado, ¿recuerdas en qué momento exacto te enamoras de la literatura?
Marina Cotanda: Crecí viendo a mis padres leer y recuerdo que, en los viajes de verano que hacíamos por mi cumpleaños en septiembre, lo primero que hacíamos al llegar al hotel era ponernos los tres a leer en la habitación, cada uno con su libro. Esa constante familiar hizo que la lectura y la escritura me acompañaran siempre: de niña me apasionaba escribir y participar en todos los certámenes literarios mientras los demás niños se quejaban.
No hay un punto exacto en el que empezara mi amor por los libros porque siempre ha estado ahí. Estoy profundamente agradecida a mis padres por haberme criado en ese ambiente.
WN: ¿Y qué hay de la escritura? ¿Cómo llega a tu vida?
MC: Siempre he tenido el sueño de escribir y publicar un libro. De hecho, a los doce o trece años escribí un “minilibro” que mis padres imprimieron orgullosos para toda la familia, aunque con el tiempo asumí la idea generalizada de que era un camino muy difícil. Entre Bachillerato y la carrera de Psicología, pasé unos seis años de parón absoluto en los que no leía ni escribía nada para enfocarme en “hacer algo de provecho”.
Sin embargo, tras graduarme y decidir que no quería ejercer de psicóloga, sentí la necesidad de tomar las riendas de mi vida y reconectar conmigo misma. Ahí me pregunté por qué no intentarlo: decidí escribir sin importar si a una editorial le interesaba o no, dispuesta a autopublicar o maquetarlo por mi cuenta, simplemente por el placer de hacerlo por mí misma y cumplir esa pasión de siempre.
WN: ¿Qué crees que aportan las letras y, en general, los libros a tu forma de ser?
MC: Escribir es mi forma de expresarme, ordenar mis ideas y entenderme tanto a mí misma como al resto del mundo. Mi pasión por la psicología también nace de ese mismo interés por comprender a las personas, sus comportamientos y sus razones.
La escritura no solo me permite volcar las historias que llevo dentro, sino también dar sentido a lo que ocurre a mi alrededor: aunque cree personajes ficticios, me apasiona desarrollarlos, comprender por qué toman sus decisiones y, en definitiva, descifrar la realidad a través de las letras.
WN: Precisamente, hablando de libros, otra persona que comparte tu misma pasión por ellos es Olivia, la protagonista de tu novela ‘Sin querer, nosotros’, que viaja a Roma prometiéndose sanar su corazón. Allí conoce a Nico, un jugador de hockey que huye de la vida que le han impuesto. ¿Cómo surge su historia?
MC: Para mí, era muy importante hablar sobre salud mental y contraponer las relaciones sanas con las tóxicas. Venimos de una época en la que se ha romantizado al “chico malo”, creando la falsa idea de que un vínculo sano es aburrido o plano. Quería desmontar este mito: una relación sana no tiene por qué ser aburrida ni perfecta.
Además, quise reflejar los ataques de ansiedad y de pánico de mis personajes para desestigmatizar la salud mental; yo misma los he sufrido y sé que, aunque hay que tratarlos y pedir ayuda, tenerlos no te incapacita ni te hace menos funcional. En definitiva, escribí la historia sana que a mí me habría gustado leer.
WN: ¿Tenías claro desde el principio que su relación se iba a construir sobre un ‘fake dating’ o fue algo que te pidieron ellos, conforme ibas desarrollando la trama?
MC: Cuando escribes tu primer libro, sientes la tentación de volcar en él todo lo que te apasiona, tal vez por ese temor de no saber si volverás a publicar otro; al fin y al cabo es tu primer bebé y quieres disfrutar al máximo del proceso integrando elementos que encajen bien.
Pero en un mercado tan sobresaturado, también hay que pensar en el lector: por eso decidí construir la historia alrededor del fake dating, un cliché que no solo me encanta a mí, sino que sé que funciona muy bien y apasiona al público.
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WN: El arranque del libro es muy visual e intenso. Se conocen chocando en un avión, justo cuando Olivia está ansiosa por subirse en él porque le da miedo volar. ¿Por qué decidiste que su primer encuentro fuera en un momento de tanta vulnerabilidad para ella?
MC: Quería que fuera un momento en el que ella estuviera con las barreras bajadas al cien por cien, completamente vulnerable, para generar ese impacto de mostrar que la otra persona la está conociendo en su punto más frágil. Olivia está sobrepasada, le da igual todo y no pretende disimular: si le gritan, se pone a llorar ahí mismo porque no puede más.
Con esto quería enseñar que a veces no mostramos nuestra mejor versión y no pasa nada, es algo completamente humano; normalizar que no siempre somos perfectas y demostrar que, aun en esos momentos donde no estamos bien, la gente puede conectar contigo y quererte igual.
WN: ¿Crees que esa vulnerabilidad que ella muestra, pero él también al ayudarla a tranquilizarse define cómo va a ser su dinámica a lo largo de la novela?
MC: Sí, totalmente. Lo que más me gusta de su dinámica es que se basa en una honestidad brutal y en muchas conversaciones reales desde el primer momento. Aunque después exista el típico tira y afloja de “quiero, pero no debo tener una relación ahora”, eso no quita que sigan siendo sinceros el uno con el otro.
Esta escena marca el tono de todo el libro: ambos intentan ser lo más auténticos posible y se muestran sin filtros porque saben que entre ellos existe un espacio seguro, una verdadera zona libre de juicios.
WN: Olivia viene de una relación muy dolorosa con su expareja. Ella llega a pensar: «¿Y si el problema era yo y no él?» y confiesa que le «da miedo estar rota». Como psicóloga, ¿cómo de importante era para ti mostrar las secuelas reales que deja un vínculo tan tóxico en la autoestima?
MC: Quería mostrar la realidad de las relaciones tóxicas y el maltrato, un tema del que aún existe cierto desconocimiento, especialmente entre las mujeres, que somos quienes habitualmente lo sufrimos. Se suele pensar que las señales de abuso son fáciles de detectar y que una no caería en algo así, pero la realidad es que quien te manipula logra anularte hasta hacerte creer que el problema eres tú, que estás rota o que no vales.
Sé que un libro no va a salvar a nadie, pero mi intención era plantar una pequeña semilla que ayude a identificar esas señales de alerta y abogar por la vivencia de tantas mujeres.
WN: Por su parte, el conflicto interior de Nico es inmenso. Su padre solo le valora por el deporte y él mismo llega a decir: «No sé quién soy sin el hockey». Sin embargo, su tía le recuerda que «cambiar de vida no es fracasar». ¿Buscabas explorar con él el peso asfixiante de las expectativas familiares y el miedo a decepcionar?
MC: Aunque en mi caso mis padres siempre me apoyaron al pasar de la psicología a lo creativo, quise plasmar en la historia la presión de las expectativas familiares que tantas personas vivimos. A través de Nico abordo ese conflicto: él lo tenía todo como deportista de élite en el hockey, pero decide arriesgar eso por la cocina, aun a riesgo de decepcionar a su padre y perder el único vínculo que le quedaba tras la muerte de su madre.
Quería transmitir que solo tenemos una vida y que debemos atrevernos a elegirnos a nosotros mismos sobre la productividad o el estatus social. Al final, la gente que realmente te quiere acabará apoyándote y entendiendo tu felicidad, y si no lo hace, no puedes dejar de vivir tu vida por encajar en lo que los demás esperan de ti.
WN: También existe un segundo tipo de amor: el de la amistad. Chiara, Sienna, Levi, Izzy… ¿Son los amigos un pilar fundamental para ayudarnos a reconstruirnos?
MC: El amor es el motor que mueve el mundo, ya sea de pareja, de familia, de animales o de amigos. Creo que es imprescindible contar con una red de apoyo porque cuando estás mal y no puedes sostenerte a ti misma, necesitas rodearte de personas que te hagan bien. Por eso era tan importante para mí que Olivia tuviera a sus amigas: aunque la hayan tratado muy mal en el amor, ellas le demuestran que el cariño incondicional existe.
De joven pasé muchos años sin amigas de verdad y me refugiaba en los libros, sintiéndome parte de sus grupos de amigos, lo que me daba la esperanza de que yo también hallaría a mi gente. Quería construir un grupo bonito que sirviera de refugio para quien lea la historia y se sienta solo, para recordarles que las relaciones sanas existen, tarde o temprano se encuentran.
WN: ¿Las mejores relaciones (de cualquier tipo) son entonces las que llegan a nuestra vida ‘sin querer’?
MC: Sí, sin expectativas ni pretensiones. Cuando conoces a alguien sin pretensiones y simplemente conectas, te apoya y te hace bien, sientes que ese es tu sitio; son relaciones que debes cuidar porque te ayudan a crecer, a evolucionar y a sostenerte cuando lo necesitas. Eso es lo que hacen Chiara y Siena con Olivia, pero para mí era muy importante mostrar que las amigas también se enfadan.
A veces nos cuesta expresar lo que pensamos por temor a perder a la otra persona, pero los conflictos son naturales: en el libro, Olivia se enfoca tanto en sus problemas que no se da cuenta de lo que les pasa a sus amigas, lo que genera un enfado inicial. Somos humanos, decepcionaremos a quienes queremos sin intención de dañar y un desencuentro no significa el fin de una amistad, sino una oportunidad para pedir perdón, aprender a querernos mejor y reconectar.
WN: Hay otros dos temas más sobre los que me gustaría detenerme: Roma y Taylor Swift. ¿Por qué Roma? ¿Y por qué Taylor Swift como banda sonora?
MC: Elegí Roma como escenario principal porque me apasiona —he ido cinco veces— y me parecía la localización perfecta para empezar la historia. Al ser mi primer libro, sabía que lo leería mucha gente cercana y me hacía ilusión que reconocieran detalles que asocian conmigo: viajar, Roma, mi amor por Taylor Swift o el color rosa.
Quise incluir escenas icónicas para nuestra generación, como recorrer la ciudad en moto escuchando ‘What Dreams Are Made Of’ de Lizzie McGuire, o guiños para las ‘swifties’. A veces nos juzgan por calificar estos gustos de “básicos” o clichés, pero quise escribir un libro para quienes disfrutan de las mismas cosas que me hacen feliz a mí. Al final, esos ‘easter eggs’ reflejan mi esencia y sirven para crear complicidad, haciendo que el lector se identifique con los personajes y sienta la historia mucho más cercana.
WN: Si la relación de Olivia y Nico fuera una «Era» de Taylor, ¿cuál sería?
MC: Es difícil elegir porque creo que el libro tiene un poco de todo, pero me quedo con ‘Reputation’, un punto de ‘1989’ y, sobre todo, ‘Lover’. Ese disco les pega muchísimo porque encaja perfecto con lo que viven: construir una relación muy sana, hablar abiertamente sobre el amor y reflejar toda esa parte tan bonita y a la vez aterradora de enamorarse.
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WN: ¿Qué te gustaría que se llevaran tus lectores de ‘Sin querer, nosotros’?
MC: Hay tres mensajes muy claros en el libro. El primero es esa sensación de quedarte con el corazón calentito, ofreciendo una lectura ‘cozy’ y reconfortante; quería que, más allá de la ayuda para identificar relaciones tóxicas, la historia de Nico y Olivia sirviera como un auténtico refugio donde al lector le apeteciera quedarse. El segundo es demostrar que las relaciones sanas no son aburridas ni planas; no son perfectas, pero lo crucial es no hacernos daño intencionadamente.
Por último, el libro busca inspirarte a perseguir tus sueños. Es una historia para aprender a priorizarte y darte el permiso de empezar de nuevo: tanto Nico como Olivia aprenden que ponerse a uno mismo por encima de todo no es ser egoísta, sino un paso imprescindible para quererte y poder querer bien a los demás. Si no buscamos nuestra propia felicidad y luchamos por lo que nos apasiona, nadie lo hará por nosotros, y al final, de eso se trata la vida.
WN: Y tú, ¿con qué te quedas de tu debut literario?
MC: Escribir esta novela ha sido un proceso profundamente sanador. Siempre me ha costado priorizarme porque he sido la típica “niña buena” que busca no defraudar a nadie ni romper lo esperado. Dar vida a esta historia supuso darme permiso para elegirme a mí misma. Publicar un libro era el sueño de mi vida y para lograrlo tuve que tomar la decisión de dejar mi trabajo y apostar por ello, aun cuando mi entorno me decía que no podía dejarlo todo por la incertidumbre.
No sé si la novela estará perfecta, pero está escrita y he cumplido mi sueño. Escribirla ha sido mi manera de permitirme empezar de nuevo, priorizar lo que me apasiona y sentirme, por primera vez, profundamente orgullosa de mí misma.
WN: Para terminar, ¿hay algo que te haya sucedido en la vida ‘sin querer’ y de lo que no te arrepientas?
MC: Diría que conocer al que hoy es mi marido. Aunque la historia del libro no está basada en nosotros, nos conocimos en un rodaje en una etapa en la que yo no estaba preparada para tener pareja. Tras pasar dos años separados, nos reencontramos y sentimos que por fin era nuestro momento. Fue algo completamente inesperado que, más allá de lo romántico, me enseñó a confiar, a soltar el control y a dejar de pensar obsesivamente en lo que los demás esperaban que hiciera.
Imagen destacada: Archivo de la autora

