Delgao, al que le sigue haciendo gracia que le llamen «artista emergente, porque esto viene de mucho más atrás», vuelve con un nuevo álbum, ‘El angelito’, en el que se enfrenta a su pasado y a su vida actual.

El pop español está viviendo uno de sus momentos más interesantes. Y no hace falta mirar únicamente a las grandes listas de éxitos para comprobarlo, pues mientras los nombres más consolidados continúan conquistando festivales, estadios y plataformas de streaming, una nueva generación de artistas está construyendo, desde espacios mucho más pequeños, una industria cada vez más rica y difícil de encasillar.

El pop ya no es únicamente pop, sino que convive con el reggaeton, la electrónica, el R&B, el rap, el rock y toda clase de sonidos urbanos que se cruzan entre sí hasta crear propuestas con una identidad propia. La escena española está demostrando de esta manera que hay espacio para experimentar y que la música puede alejarse de las etiquetas sin perder por ello su capacidad para llegar a un público amplio.

En ese contexto encaja especialmente bien el cantante Delgao, uno de esos artistas que llevan años construyendo una trayectoria marcada por la experimentación, la libertad creativa y una forma muy personal de entender la música urbana.

Desde sus primeros trabajos hasta sus proyectos más recientes, el de Segovia ha ido explorando diferentes géneros y formas de escribir, construyendo una identidad en la que conviven lo melódico, lo urbano, lo electrónico y una sensibilidad especialmente marcada a la hora de hablar de sus propias experiencias.

Porque, aunque pueda resultar tentador hablar de él como un artista emergente, el propio Delgao reivindica que detrás de este momento hay muchos años de carrera: “Me gusta cuando me llaman ‘artista emergente’, pero esto viene de mucho atrás”.

PORTADA DE EL ANGELITO, DELGAO

Portada de ‘El Angelito’ de Delgao

Ahora, toda esa trayectoria desemboca en ‘El angelito’, un álbum que el propio artista define como el más completo y personal de todos los que ha publicado, y que pudimos escuchar en exclusiva antes de su lanzamiento. Pero antes de que llegara este proyecto, no había nada más que misterio. De un día para otro, Delgao desapareció prácticamente de todos lados.

Sus redes sociales dejaron de dar pistas sobre lo que estaba preparando y el silencio se convirtió en parte de la estrategia. Hasta que Madrid comenzó a encontrarse con una pregunta tan sencilla como efectiva: “¿Alguien sabe dónde está Delgao?”. Los carteles aparecieron por distintos puntos de la ciudad, incluido el metro de Chueca, alimentando una expectación que terminó teniendo respuesta en forma de nuevo álbum.

¿Alguien sabe dónde está Delgao?

La respuesta a aquella pregunta que rodeaba Madrid es ahora mucho más clara: Delgao estaba preparando ‘El angelito’. Pero ahí encontramos el elemento que atraviesa ‘El angelito’ más allá de la música, y es el proceso personal que ha llevado a Delgao hasta aquí. El artista ha hablado públicamente de sus adicciones y del proceso de recuperación que ha vivido, y esa experiencia forma parte tanto del relato previo al álbum como de la propia identidad del proyecto.

La desaparición de las redes, el silencio y la posterior aparición de los carteles adquieren así una lectura diferente: no solo se estaba construyendo una campaña alrededor de un lanzamiento, sino también una historia sobre desaparecer, parar y volver.

En ese sentido, ‘El angelito’ no parece plantearse como un reinicio, sino como una continuación. El propio Delgao lo explica al hablar del lugar que ocupa este proyecto dentro de su discografía: “Más que el comienzo es el final de la anterior”. Es una idea que encaja con un álbum que no intenta borrar lo que había antes, sino reunir diferentes partes de su recorrido y llevarlas a un mismo punto.

“Hola, estoy vivo”, nos dice Delgao, una frase que funciona casi como una declaración de intenciones después de este periodo de silencio y que resume a la perfección el punto desde el que nace este regreso.

DELGAO el angelito álbum

El álbum está dividido en dos partes muy diferenciadas. La primera es más cañera, bailable y directa, mientras que la segunda se acerca mucho más a cómo iba a ser originalmente el disco: una parte más personal, íntima y reflexiva. “Creamos los dos discos a la vez. Son dos caras de la misma moneda”, explica el artista.

La decisión de colocar primero las canciones más bailables no es casual. Delgao quería reivindicar precisamente que su música puede ser divertida, energética y pensada para bailar sin que eso implique que las letras tengan que ser superficiales. Si el álbum hubiera comenzado con su parte más lenta e introspectiva, existía el riesgo de que el oyente perdiera interés antes de llegar a descubrir esa otra faceta más explosiva del proyecto.

De un tono más ‘cañero’ a la explosión de sinceridad

La dualidad de este álbum se percibe desde el principio. En las primeras canciones aparecen historias sobre volver de una gira y reencontrarse con la persona que quieres, relaciones, deseo, humor y recuerdos, todo ello envuelto en producciones que invitan a moverse. En una de ellas, además, estaba previsto que participara Walls, una colaboración que finalmente no llegó a formar parte del resultado definitivo.

Así, por ejemplo, uno de los puntos de inflexión llega con ‘Baby’, una canción que funciona como puente entre ambas mitades. El tema procede de un proyecto que nunca verá la luz tal y como fue concebido.

“Íbamos a sacar un EP llamado ‘Love’ y no saldrá nunca porque estaba pensado para estar entre discos. Hemos rescatado esta canción y divide las dos partes del disco. La quería sacar pero tuve que parar mi vida”.

Así, ‘Baby’ no sólo ocupa una posición estratégica dentro del tracklist, sino que representa también una etapa anterior que Delgao decide recuperar y resignificar para este nuevo proyecto.

A partir de ahí, ‘El angelito’ comienza a mirar hacia dentro con mayor claridad. La vulnerabilidad aparece, sí, pero desde un tono inesperado. El humor se convierte en una herramienta para hablar de experiencias personales y situaciones complicadas, algo que el propio artista resume con una frase especialmente reveladora: “No sabía cómo contar mi historia, pero elegí el humor”. Esa capacidad para hablar de asuntos difíciles sin convertirlos necesariamente en canciones oscuras es otra de las características que atraviesan el proyecto.

Además, musicalmente, uno de los grandes atractivos de ‘El angelito’ está precisamente en su variedad. Durante la primera escucha resulta difícil encerrar el álbum dentro de un único género. Hay ritmos urbanos, pop, electrónica y diferentes influencias que aparecen y desaparecen a lo largo del proyecto, demostrando que Delgao entiende la mezcla de estilos como parte esencial de su identidad.

“Mi seña de identidad es la variedad musical y quiero mostrarlo con mis colaboraciones”, explicaba durante la presentación. Y esa variedad no se siente impostada: los cambios de ritmo y de sonido forman parte natural del viaje que propone el álbum.

Las colaboraciones (incluyendo en materia de producción, letras, arreglos y guitarra con artistas como Only, Aresh o Alberdi) tienen, por tanto, un papel importante en esta búsqueda de diversidad. Más allá de sumar nombres al tracklist, cada aparición parece contribuir a ampliar el universo sonoro del disco. El propio Delgao reconocía que le sorprende lo poco forzadas que le parecen estas uniones, y esa sensación también aparece durante la escucha.

Entre los momentos que más llaman la atención está la producción de ‘Cuero francés’, uno de los temas que mejor demuestra el cuidado puesto en el apartado musical y la capacidad del álbum para moverse entre diferentes terrenos sin perder cohesión.

DELGAO el angelito álbum

También hay espacio para mirar hacia atrás y reconocer algunas de las influencias y etapas que han acompañado a Delgao durante su trayectoria. El álbum incluye un homenaje a Janet y algunas canciones evocan inevitablemente otros momentos de su carrera, con ecos que pueden recordar a ‘Callejera’, ‘Su cabeza en mi pecho’ o ‘Flaca’.

Esta última tiene, además, uno de esos componentes melódicos capaces de trascender generaciones y que, en palabras del propio artista, “va a gustar a las madres”. Y durante la escucha también queda claro que detrás del resultado hay un trabajo especialmente cuidado.

“Le hemos puesto cariño a cada nota musical”, afirma Delgao, y esa frase resume buena parte de la sensación que deja el álbum. Y es que hay intención detrás de cada cambio de ritmo, de cada colaboración y de cada decisión que estructura sus dos mitades.

Y quizá ahí está su mayor virtud: en no obligar al oyente a elegir entre una cosa y la otra. Delgao ha vuelto, y lo hace demostrando que las dos caras de esa misma moneda pueden convivir perfectamente.

 

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