Fernando Navarro publicaba en febrero ‘Crisálida’, bajo la editorial Impedimenta. En este folk horror, el guionista y escritor granadino nos acerca hasta Nada, una protagonista que aprende a sobrevivir al mundo exterior e interior sin la crisálida de la infancia.

A Fernando Navarro le gusta vivir en tensión. No literalmente, o a lo mejor sí, pero sobre todo a través de sus creaciones más profundas y oscuras. Este guionista granadino ha llevado esa pulsión al cine en títulos muy resonados: ‘Verónica’, ‘Bajocero’ o ‘Venus’, entre otros. Con su proyecto más reciente, ‘Segundo premio’, conquistó la Biznaga de Oro en el Festival de Málaga y lo llevó a las puertas de los Goya y de los Óscar.

La misma intensidad de sus guiones late en su escritura más literaria: ‘Malaventura’, su primera publicación, fue galardonada con el Premio Setenil. Con ‘Crisálida’, publicada también con la editorial Impedimenta, confirma que su creatividad es un espacio de metamorfosis donde lo sobrenatural siempre es protagonista.

Sinopsis de ‘Crisálida’

La niña Nada abre los ojos en la cama de un sanatorio al que no sabe cómo ha llegado. Los recuerdos y las pesadillas provocados por los fármacos la trasladan a un tiempo anterior, cuando sus padres se la llevaron, junto con sus cuatro hermanos, a vivir a un bosque perdido en algún lugar entre las Alpujarras y Sierra Nevada.

Allí, la violencia y la locura se apoderan de toda su familia, en especial de su padre, al que apodan el Capitán, un hombre atormentado y paranoico por el que Nada siente una extraña fascinación. Asediada por una presencia inquietante que habita en el corazón del bosque, la niña aprende a crecer en mitad de una naturaleza tan viva como hostil, tan extraña como peligrosa.

 

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Fernando Navarro y el terror de crecer

Crecemos y perdemos el gran superpoder de la infancia: soñar. Ya no jugamos para creer que podemos volar como Iron Man o para imaginarnos salvando el planeta como Wonder Woman. Jugamos para sobrevivir en un mundo mental (también físico) donde las pesadillas no dejan espacio a los sueños más inocentes y necesarios.

¿Qué es real y qué una pesadilla? Esa es la dualidad a través de la cual el lector navega las páginas de ‘Crisálida’. Es Nada, su protagonista, la que agarra con fuerza el timón de una historia que aborda principalmente la pérdida de la infancia desde lo sobrenatural. Una pérdida forzada, arrebatada por un entorno familiar tóxico y desequilibrado.

«Le preguntaba al bosque por qué tenía que cuidar yo a los capitanes a mis hermanicos y el bosque me contestaba si no lo haces tú, Nada, quién va a hacerlo».

A la vez que desdibuja esa etapa vital de Nada, es curioso cómo Fernando Navarro la obliga a permanecer en ella. Y lo hace a través de su entorno. El escritor construye unos personajes que vertebran el terror más emocional de ‘Crisálida’: el Capitán, su padre, se mueve entre los abusos y la supremacía; Madreselva, la representación de la ausencia de la figura materna y de las adicciones; y sus hermanos, la pura crueldad personificada.

Recurriendo a la oralidad y a la lírica y con capítulos tan cortos que convierten la lectura en una bebida, Fernando Navarro aborda en su segundo libro un abanico de temas que se nutren de uno: la salud mental. El sanatorio donde ingresa Nada es un reflejo de esas sombras que comienzan a inundar nuestra cabeza, pero también es la mochila más personal de recuerdos y de experiencias de la protagonista. La infancia se convierte en una cárcel y la memoria, en una herida crónica.

‘Crisálida’ también es una mirada hacia debates que están en nuestro día a día: el cambio climático, remar en contra de las fuerzas del poder, el abandono infantil… Incluso es un espejo hacia uno mismo y hacia la versión más sana de amor propio que todos podamos intentar alcanzar siempre.

«Nos quitó nuestros nombres, los borró. Había quemado todos nuestros papeles en Graná y ya no existíamos».

Crecemos y a veces nos preguntamos si nos hemos quedado atrapados en nuestra propia crisálida. Este libro es una novela que duele y que fascina al mismo tiempo. La infancia se convierte en una cicatriz imposible de borrar, pero también en un espejo roto en el que buscamos reconocernos a través del folk horror más rebelde de Fernando Navarro.

 

Imagen destacada: Editorial Impedimenta