Vivimos rodeados de datos, información y algoritmos que parecen saberlo todo sobre nosotros. El detector de mentiras, o el polígrafo, es la herramienta para saber lo que es verdad y lo que no.
¿Es posible ayudarnos de la tecnología para desmentir la información que se hace viral a través de la propia tecnología? Sí que lo es y, de hecho, el detector de mentiras ha formado parte de películas y series durante muchos años. Y sigue siendo un recurso interesante en investigaciones y situaciones sensibles.
Qué es un detector de mentiras y cómo funciona
Al contrario de lo que muchas películas o series nos han enseñado, un polígrafo no «lee la mente». Su funcionamiento se basa en registrar respuestas fisiológicas, como cambios en la respiración, la frecuencia cardíaca, la presión arterial o la conductancia de la piel. Estas señales pueden indicar estrés o tensión, que suelen ir de la mano con las mentiras, aunque no garantizan la veracidad absoluta de una respuesta.
Por eso, el contexto, la preparación del examinador y la voluntariedad de la persona importan tanto. La ciencia detrás del polígrafo también es compleja, pues la interpretación de los datos requiere cierta experiencia y rigor profesional.
Del cine y la televisión al uso profesional
Seguro que recuerdas alguna escena de una película o serie en la que tiene presencia el polígrafo, como en interrogatorios de detectives en películas de cine negro, reality shows en prime time o series policiales. Esa exposición constante en la ficción ha creado una idea algo exagerada sobre lo que puede hacer (o no) un detector de mentiras, pero también despierta curiosidad por su funcionamiento real.
En la vida cotidiana, su uso está mucho más controlado a través de empresas que lideran los servicios del polígrafo en España. Y lo aplican a investigaciones privadas, laborales o legales con todas las garantías éticas y técnicas. Así que la diferencia entre la pantalla y la realidad es abismal.
En qué situaciones se utiliza hoy un polígrafo
Hoy en día, el polígrafo se utiliza para aclarar hechos concretos, resolver conflictos laborales, investigaciones privadas e incluso procesos de selección. Ni es una prueba definitiva ni sustituye al criterio humano, pero sí que arroja luz en situaciones bastante dudosas.
Entonces, su eficacia depende de la preparación, la ética y la colaboración de quienes participan. Los avances en tecnología nos permiten registrar y analizar datos que antes eran imposibles de medir, pero la verdad sigue siendo un terreno complicado.


