En Why Not Magazine hemos hablado con la francesa Anne Akrich sobre su última novela: literatura, maternidad y Kylian Mbappé.

Todos sabemos quién es Kylian Mbappé. A poco que hayas estado en la órbita de la actualidad en los últimos años, en algún momento te habrá llegado su nombre: en el mundial con su selección, en los innumerables goles con el PSG o en su fichaje con el Real Madrid, ese que se hizo esperar más de lo deseado para la afición. Lo que no conocemos son los nombres de las tantas personas que trabajan detrás de su marca. Desde el marketing hasta la representación, pasando por los ghostwriters. ¿Tendrá? ¿Qué es eso? ¿Fantasmas?

La figura del ghostwriter lleva mucho tiempo entre nosotros, pero cumple su función: no los diferenciamos. Son aquellas personas que escriben y ponen las palabras que más tarde salen por la boca de políticos, actores… o futbolistas. Ahí es donde pone el foco Anne Akrich: en lo que no vemos

‘Kylian’ trata de una novelista sin éxito que se ve obligada a ganarse la vida escribiendo libros para otros. Anne es una madre divorciada, endeudada y al límite, que cuando un editor le propone escribir la biografía de Kylian Mbappé, pone rumbo a Bondy para una inmersión total. El objetivo es comprender el fenómeno del futbolista, pero el plan no tarda en descarrilar… Y Akrich juega con cada bandazo de una manera magistral y, por supuesto, irónica. 

Why Not Magazine: Dos universos que parecen tan diferentes. ¿Qué tienen en común una ghostwriter y un futbolista?

Anne Akrich: A primera vista, nada. Sin embargo, el fútbol y la escritura se basan en las mismas cualidades: disciplina, tenacidad, obstinación, capacidad de recuperarse, soledad, fortaleza mental. Ambas disciplinas exigen una fe irracional en uno mismo.

La diferencia está en el sistema de gratificación. El futbolista marca un gol y el estadio estalla. El escritor termina una novela y recibe un acuse de recibo tres meses después. El escritor evoluciona en un sistema de gratificación diferida que roza lo absurdo. Da la impresión de gritar en un estadio vacío.

Además, son dos industrias de lo simbólico. Un partido de fútbol no son 22 tipos pateando un balón, es una narración, un mito. Como la literatura. Solo que una de las dos historias da más dinero que la otra.

WN: ¿Se puede ser madre y una profesional realizada sin perderse a una misma por el camino?

AA: Es la triple exigencia: ser mujer, ser madre, ser escritora. Cuando una mujer escribe, le preguntan si consigue conciliarlo todo, si llega a recoger a sus hijos al colegio. Nunca se hacen estas preguntas a los hombres. Escribir siendo mujer sigue siendo una gimnasia violenta porque exige disponibilidad, tiempo, vacío, silencio. Y todo eso es un lujo que las mujeres rara vez tienen.

Si la carga mental fuera cosa de hombres, toda la historia literaria estaría llena de ello. Habría poemas sobre la lista de la compra, tragedias en cinco actos sobre las meriendas que no hay que olvidar, ensayos filosóficos titulados “De la memoria logística como fundamento del ser”. Pero como concierne a las mujeres, se juzga trivial. Como casi todas las “cosas de mujeres”.

Mi personaje lucha con eso: la escritura imposible, el hijo, la identidad que se desmorona. Quería escribir a una mujer que realmente pierde el control. Que bebe demasiado, que ya no escribe, que le cuesta ser madre, que se autodestruye, que se desprecia. Una auténtica perdedora, irrecuperable. No una mujer desordenada, pero adorable. Quería que se la viera estrellarse contra el muro, en toda su cobardía, su mezquindad, su soledad, su depresión. Una perdedora sucia, alcoholizada y poética.

WN: ¿Por qué Kylian Mbappé?

AA: Kylian es la encarnación de la mente de acero, del éxito social, de la resiliencia. El atleta definitivo. Lo pongo en fricción con una escritora fracasada. Él es todo lo que los escritores nunca serán. Por eso lo convierto en una alucinación literaria. Se transforma en una alegoría de todo lo que el escritor no es. Él no relee sus frases 50 veces preguntándose si “crepuscular” es un adjetivo demasiado trillado.

Tiene fortaleza mental, control, una trayectoria clara, ausencia de duda. El opuesto exacto de mi personaje, que procrastina y se autosabotea. Tiene una gracia rara, una inteligencia, una manera de estar plenamente en su época. Es a la vez superaccesible y totalmente inasible. Me divertía desviarlo hacia la alucinación de una novelista en crisis. No es un libro sobre Kylian, sino sobre lo que representa en el imaginario colectivo.

WN: ¿Qué pregunta te gustaría hacerle a Kylian sin cámaras alrededor?

AA: Le preguntaría qué lee y si la literatura le sirve de algo.

WN: ¿Qué hace que ‘Kylian’ sea diferente de otros libros?

AA: Es el making of fallido de una biografía que nunca se escribió. No es un libro sobre Kylian, sino sobre lo que puede enseñarle a una mujer, a una madre y a una escritora. La historia de una autora que debe escribir un libro que no quiere escribir y que, al hacerlo, escribe otro libro sobre sí misma.

Uso el humor como trampa, como estrategia de supervivencia. El humor permite retorcer el dolor para hacerlo audible, jugar con las distancias entre el drama y el absurdo. Quise escribir el fracaso en femenino, el alcoholismo en femenino, la depresión en femenino. No en una versión edulcorada. Las antiheroínas dan miedo porque perturban la ficción igual que perturban la sociedad.

Al final, es la literatura la que salva. El personaje sale adelante escribiendo un libro sobre su propia experiencia, no el que le habían encargado. La literatura permite devolver forma a una vida que se derrumba, poner palabras en el caos.

 

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‘Kylian’ acaba de aterrizar en España de la mano de AdN Novelas y ya está disponible en librerías y en formato libro electrónico.

 

Imagen destacada: Gallimard