Hace 14 años, Natos, Waor y Recycled J plantaron la semilla que ha llenado este fin de semana de camisetas con calaveras el Movistar Arena de Madrid.
“Si eres de la ruina, ven conmigo a la guerra…”. Una frase, una voz y más de 10.000 personas coreando el himno. Así comenzaba la vuelta de Hijos de la Ruina a Madrid, la presentación de su cuarto proyecto conjunto y una noche inolvidable. Pero no, no era la primera vez.
Gonzalo (Natos), Fernando (Waor) y Jorge (Recycled J) jugaban en casa. Y lo sabían. En un mundo tan globalizado como para que una artista de Pensilvania u otro de Puerto Rico puedan llenar un estadio tras otro en medio mundo, los tres llevan tatuadas las siete estrellas de Madrid con un mensaje muy claro. No olvidar de dónde vienes: por los niños del barrio y porque puedes volver.
Y es que ellos ya han llenado uno, también en casa, pero ayer iban a otra cosa: a disfrutarlo. Cómo no, contagiándoselo al público que lleva más de diez años yendo con HDLR a la guerra. Por ello es que un disco con más de veinte canciones no fue suficiente para llenar la setlist de la noche. Acabaron superando los cuarenta temas y un recorrido de catorce años.
Hubo tiempo para todo. Para escuchar por primera vez en directo Hijos de la Ruina Vol.4 ‘Fuera de control’, ‘Madriz’, ‘La trampa’ o ‘First class’, esta última enlazada a un ‘Por ti’. También para recuperar hitos como ‘Aunque digan que yo’, ‘Caminaré’ o ‘Delirium’. Todo al son de los acordes, de las risas de los tres y de mensajes como el de Jorge Escorial: “Para los que no confiaron en mí en el 2010”. 15 años después, el chiste se cuenta solo.
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Llenar el Movistar Arena es una reivindicación. Saber que ellos han sido los principales impulsores de la música urbana, los que han puesto las piedras y han despejado el camino, es clave. HDLR es un movimiento que ha marcado el cambio, pero no aprendieron solos y eso también lo quisieron poner en valor: “Gracias a los grupos que fueron antes que nosotros y nos enseñaron el camino a seguir”, recalcaron desde el escenario metálico, acorde a la estética del disco.
Hijos Bastardos, con Nasta sobre el escenario, o Suite Soprano junto a Sule B y Juancho Marqués fueron los invitados que merecía el rap español para hacerse justicia. Fernando Costa, Al Safir y Mvrk, los que la música urbana necesitaba para demostrar que todavía le quedan muchos kilómetros al camino.
Hace quince años este concierto hubiese sido impensable y, a día de hoy, encontrar más manos que móviles, también. ¿Cómo va a haber espacio al enfoque y a bajar la saturación en la pantalla si el suelo tiembla con ‘Rocknrollas’, ‘Más alcohol’ o ‘Quiero volar’? O en ‘Bicho raro’, donde se volvió a crear la mítica ola entre público y artista, entre hijos de la ruina.
Los bancos de Madrid, en los tiempos de Debod, fueron los primeros en escuchar las frases de estos tres chicos de barrio que buscaron una salida y repitieron la mentira hasta convertirla en verdad. Ahora el país entero conoce sus nombres, sus apellidos, sus historias. Han conseguido que una generación entera, e incluso alguna que otra más, escriba las suyas junto a su música. Cuando todos y cuando nadie mira.
Imagen destacada: María Minaya – Why Not Magazine

