En Why Not Magazine, hablamos con Shoda Monkas, que acaba de estrenar su nuevo disco, ‘El Neolandés’. Un proyecto donde el artista albaceteño repasa sus raíces, explora la vulnerabilidad y reflexiona sobre la búsqueda de la libertad personal y profesional.

Cuando subió por primera vez a un escenario con quince años con su entonces grupo Monkas Cru, Gabriel Díaz no buscaba beneficios económicos, sino la satisfacción de encontrar su propio camino en la música. Con el paso del tiempo, ese arranque terminó por consolidar a su seña de identidad propia, Shoda Monkas, como una de las voces más singulares de la escena urbana de nuestro país, capaz de renovarse en cada proyecto.

Sin embargo, para él, mantener las raíces no es un ejercicio de nostalgia, sino la base necesaria para no perder el criterio mientras su propuesta sigue evolucionando. Evolucionando y creciendo.

Esa trayectoria alcanza ahora su punto de madurez en ‘El Neolandés’, un álbum de 12 temas que cierra un proceso creativo de tres años y da forma a su universo más ambicioso. Concebido como un país imaginario desde el que observar su carrera con perspectiva, el disco reúne una cuidada producción y colaboraciones orgánicas junto a Natos, Juancho Marqués, Ptazeta y Zeballos.

A través de una estructura intencionada, que va desde la energía de los primeros temas hacia una atmósfera mucho más íntima y sensible en los últimos, el álbum logra un equilibrio idóneo entre el valor estético del sonido y una reflexión directa sobre la libertad personal, el aprendizaje y el valor del origen.

 

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Charlamos con Shoda Monkas

Why Not Magazine: Echando la vista atrás, empezaste a subirte a los escenarios con solo 15 años en Monkas Cru. ¿Qué queda de aquel Gabriel de Albacete en el Shoda Monkas que acaba de publicar un nuevo disco?

Shoda Monkas: Lo que nos movía —y nos sigue moviendo— son las ganas y la ilusión. Aquella época fue tan bonita como jodida: estábamos descubriendo un mundo nuevo en el que, aunque no ganábamos dinero, por lo menos ya no nos costaba dinero ir a tocar. Íbamos de teloneros con Cheb Rubën, un artista al que siempre he admirado muchísimo, y hoy en día te diría que esa misma ilusión se mantiene intacta todo el tiempo.

WN: Para ti, ¿es importante regresar a tus raíces o prefieres dejarlas atrás?

SM: Siempre hay que llevar las raíces contigo a todas partes. Te recuerdan cómo empezó todo, te enseñan a valorar mucho más cada pequeño logro y te dan la sensatez necesaria para afrontar lo que venga. Al final, tener claro de dónde vienes es lo que te ayuda a llevar el proceso hacia donde realmente tiene que llegar.

WN: A lo largo de los años has pasado por proyectos como ‘PAZ FEELIN’S’, ‘SuperSport’ o ‘LO QUE NOS QUEDA DE GUAPOS’. En ese camino has fusionado rap con electrónica, trip-hop o flamenco. ¿En qué punto sentiste que habías encontrado un sonido y una identidad verdaderamente propios?

SM: Creo que nunca llegas a ese punto de plenitud de decir: “¡Ya lo he encontrado, me quedo aquí!”. Durante un tiempo haces un sonido que sientes que te representa y, justo cuando estás más convencido, te entra el gusanillo por dentro y necesitas darle una vuelta y cambiar. Ahora mismo llevo una temporada muy centrado en las partes más melódicas, en los estribillos y en un sonido más cercano al trap, pero no descarto nada.

WN: Hablas de ese gusanillo y de no descartar hacer nada, pero ¿los artistas deben mantenerse fieles a su esencia y a un mismo género musical o es mejor que vayan “moldeándose” y experimentando?

SM: Ambas cosas son compatibles y no chocan entre sí. Puedes probar distintos géneros y experimentar con cosas nuevas sin perder jamás tu esencia porque al final siempre habrá algo tuyo que permanezca: tu manera de hacer las cosas y la personalidad de tu proyecto, se mueva en el género que se mueva.

WN: La industria del rap y la música urbana ha cambiado radicalmente desde que empezaste. ¿Cómo has vivido la transición desde moverte en la autogestión hasta construir un proyecto tan grande como tu nuevo álbum?

SM: Si quieres seguir haciendo música, tienes que adaptarte al medio y evolucionar dentro de él. Al final, todo forma parte de la misma decisión. Si íbamos a hacerlo, teníamos que ir a por todas, pensando en hacer cada proyecto un poco más grande que el anterior y así sucesivamente.

WN: El nombre del disco, ‘El Neolandés’, nace de un tema que sacaste en 2023 junto a Toni Anzis. ¿En qué momento un single se convierte en la semilla de todo un país imaginario?

SM: Todo ha sido muy orgánico. El concepto de “neolandés” venía de antes, de charlas con colegas hablando de una nueva ola y, para mí, supuso un antes y un después a nivel de sonido. Siempre tuve claro que llegaría el momento de cerrar todo esa etapa con un álbum y sentí que el momento era ahora. Cuando nos pusimos a idear su universo, en realidad el sonido ya estaba construido; solo tuvimos que unir todos esos puntos que fuimos creando sin darnos cuenta hasta darle forma a este trabajo.

WN: ¿Ha sido entonces el disco más fácil de hacer hasta el momento?

SM: Totalmente, la verdad es que ha sido superfácil. Siempre he sido un artista de un solo productor, pero para este disco no ha sido así. Con los productores ha ido rodando todo de forma natural: uno me iba llevando al otro y al final me quedé con lo que sentí que encajaba mejor. Nos llevó un año hacerlo, que realmente no es tanto tiempo porque no estás los 365 días trabajando en ello, pero todo fluyó de manera muy natural.

WN: La producción del álbum está repartida entre Soke ThugPro, The Iconics, H.Rayiz y Toni Anzis. ¿Cómo se trabaja con varias manos para mantener una identidad sonora unificada a lo largo de doce canciones?

SM: En este caso, ha sido muy sencillo todo porque todos los productores del álbum son unos máquinas. Siempre partíamos de una conversación antes de ponernos a currar y, como yo tenía muy claro el concepto y el sonido que buscaba, me resultó facilísimo transmitirles en qué punto estaba y qué quería. Fue dicho y hecho con todos. Al principio me daba cierto reparo por si cada tema terminaba sonando “de su padre y de su madre”, pero para nada: al escucharlo completo se siente todo muy homogéneo.

WN: Presentas ‘El Neolandés’ como un «territorio imaginario» desde el que tomar distancia para reflexionar sobre tu trayectoria, personal y profesional. ¿Necesitabas crear ese espacio mental para poder mirar tu carrera con perspectiva?

SM: ‘El Neolandés’ ha sido mi objetivo durante estos últimos tres años. Yo soy muy cuadriculado, ordenado y me gusta tenerlo todo muy bien cerrado; este proyecto ha sido precisamente eso, la forma perfecta de cerrar el círculo.

WN: ¿Dirías que es tu proyecto más personal hasta el momento?

SM: Sé que es el típico cliché decir que tu último disco es el más personal, el más profesional y el más increíble de todos, pero yo creo que he tenido proyectos mucho más personales, como ‘Paz Feelin’s’ o ‘(SER NORMAL)’, que eran temas más blanditos y vulnerables.

En este álbum, siento que he encontrado el equilibrio perfecto entre esa parte vulnerable y una propuesta mucho más estética en cuanto a sonido, estribillos, melodías y letras. Creo que es el mejor disco que he hecho porque todo lo que sé hoy no lo sabía cuando hice los anteriores. Todo ese aprendizaje ha terminado condensado aquí, y estoy seguro de que el siguiente será aún mejor conforme vaya aprendiendo más.

 

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WN: El primer avance fue ‘El Caribe en Navidad’ con Natos. En el tema, tomáis como eje central a la familia para surcar momentos difíciles. De hecho, Natos canta: “Solo me recuerda que un día me olvidé de quién era”. ¿Cómo surge esta colaboración para reflexionar sobre las raíces y el paso del tiempo?

SM: Siendo sincero, esta fue la tercera idea que probamos con Natos. Nos juntamos un día en el estudio y sacamos un par de temas; uno de ellos nos gustó bastante y en principio íbamos a tirar por ahí, así que cada uno se lo llevó por su lado para seguir trabajándolo. Pero un día estaba con Soke en el estudio y me enseñó unas guitarras de Batz, un compositor que es un máquina.

Conforme empezó a fluir todo con esa nueva base, le dije: “Tío, es una putada porque ya tengo el tema avanzado con Gonzalo, pero creo que encajaría increíble aquí”. Se lo mandé y me dijo: “Luego lo escucho, pero dudo muchísimo que me guste más que la propuesta que ya tenemos”. Al tiempo me escribió y me soltó: “Bro, lo acabo de escuchar… tiene que ser esto, vamos a darle un intento”. Como todo el disco mismo, fue un proceso superorgánico, fluyó solo y tenía que pasar así.

WN: ¿Tenías claro que este tema iba a ser el que abriese esta nueva era?

SM: Sí. De hecho, si Gonzalo [Natos] no se hubiera montado en esa canción, la habría terminado yo solo; me transmitió muchísimo desde el principio. Es un tema muy “yo”, con ese espacio para abrirte un poco más, pero planteado a mi manera. Fue increíble ver cómo él se volcó y se metió de lleno en el tema. Hablamos un montón sobre ello y siempre coincidíamos en que tiene algo especial, una magia increíble.

WN: Sorprende la diversidad de colaboraciones: desde la fuerza de Ptazeta en ‘Maxituning’ hasta el rap con Zeballos en ‘Recap’. ¿Cómo elegiste los ‘featurings’ para que encajaran dentro de la historia del álbum sin perder coherencia?

SM: No fue algo planeado en plan “tienen que estar estos nombres para que el universo de ‘El Neolandés’ quede perfecto”. Más bien eran cuentas pendientes que tenía en el camino y que terminaron de encajar de forma natural.

A Juancho Marqués, por ejemplo, lo descubrí hace un montón de años; me ha acompañado en mi carrera sin él saberlo. Fue la última colaboración en salir porque nos juntamos para componer el proyecto de otro artista.

Ahí empezamos a hablar y acabó metiéndose en el tema. Con Ptazeta lo teníamos hablado desde 2023 y no fue hasta 2025 que la cerramos. Con Zeballos fue parecido: nos juntamos en un estudio en Madrid justo cuando saqué ‘LO QUE NOS QUEDA DE GUAPOS’, hicimos un temazo pero no avanzamos más… igual que con Natos, que llevábamos años hablándolo.

Nada ha sido forzado ni buscado a la fuerza, pero ahora escucho el álbum y siento que, si faltara alguno de ellos, no estaría completo. Cada uno aporta exactamente lo que el proyecto pedía. El disco ha quedado redondo precisamente por ser ellos.

WN: Precisamente, en ‘Una Meta + Grande’ junto a Juancho Marqués, cantáis: “Como salga bien, solo querré que esté a mi lado aquel que confío”. ¿Cuál es esa meta más grande que buscas transmitir con ‘El Neolandés’?

SM: Ese tema se refiere más a que nuestra meta va un paso más allá de los objetivos habituales de la gente con trabajos convencionales. De hecho, lo digo en el tema: todos mis amigos de la infancia tienen ya sus casas compradas, sus familias y sus hijos.

Nosotros intentamos ahondar un poco en esa idea de que, trabajando como trabajamos, el objetivo real que perseguimos es conseguir el día de mañana una libertad mucho mayor que la de cualquier otro empleo. Al final es a lo que aspiras: todo el mundo quiere ser feliz, y la libertad es lo que realmente te da esa felicidad. Esa es la meta más grande.

WN: “Negociando a ver si cobro un fee por estrés”, dices, por otro lado, en ‘Lalala’. En un momento donde los oyentes mensuales parecen ser el carné de identidad de un rapero, ¿cuánta importancia le das tú a esas cifras en tu día a día? ¿Eres prisionero de tu trabajo?

SM: A día de hoy, bastante menos. Aunque es imposible no estar algo pendiente las primeras semanas tras lanzar un disco, ya no es algo determinante. Antes un mal resultado podía quitarme las ganas de trabajar en lo siguiente, pero ahora llevo tiempo pensando en el próximo paso de forma independiente a cómo funcione este. En ese sentido sí que siento que he encontrado una verdadera tranquilidad.

WN: Con este lanzamiento das por cerrada una etapa. Una vez que el pasaporte está sellado y el disco fuera, ¿qué pretendes que alguien sienta al escucharlo entero?

SM: Quiero que se quede con una sensación placentera. El disco empieza arriba, con mucha caña, y va bajando hasta terminar en un punto muy vulnerable y sensible, hablando de cosas súper cotidianas. Elegí ese orden precisamente por eso: cuando llevas mucho tiempo en la calma buscas acción y, tras mucha caña, necesitas paz. La idea de terminar abajo es dejarte con ganas de volver a empezar el viaje desde arriba.

 

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WN: ¿Podemos esperar un gira?

SM: Sí, la habrá. De momento, tengo confirmadas ocho ciudades en salas, además de lo que vaya saliendo de festivales. También queremos preparar algo muy especial en Albacete, que es mi ciudad, porque siempre intentamos volcarnos y dar lo mejor para la gente de allí. En ello estamos.

WN: Para terminar, en un momento de mucha convulsión política y social como la que estamos viviendo en España, ¿qué leyes impondrías en tu país donde el gentilicio es ‘El Neolandés’?

SM: Que la gente se sienta libre de expresarse como quiera, de amar a quien quiera y que sea respetuosa con los demás; no hay más. Tampoco tengo un programa político, pero creo que esos deberían ser los mínimos exigibles en cualquier sociedad.

 

 

Imagen destacada: Cedida por su equipo de management