La navarra desnuda sus canciones en una gira acústica que mira hacia dentro para volver a encontrarse con quien fue.

Hay algo muy poderoso en volver al lugar de donde una vez salimos. No necesariamente para quedarnos allí, ni para recuperar lo que fuimos, sino para mirar de frente esa tierra que dejamos atrás y comprobar que, pese a todo, sigue debajo de nuestros pies. Pangea nace precisamente de ahí. De volver antes de la grieta, antes del terremoto, antes de que todo se separara en continentes distintos. Chica Sobresalto propone un viaje hacia ese lugar que existe debajo de las capas de lo vivido. Y lo hace como mejor sabe: sin esconder las cicatrices, pero sin convertirlas tampoco en una condena.

Volver al principio

Si la música de Maialen nos ha hablado tantas veces de fracturas, terremotos, fallas y continentes que se alejan, Pangea plantea ahora el movimiento contrario. La artista retrocede en el tiempo para preguntarse quién era antes de romperse. No desde la nostalgia ni desde esa idea tan manida de que todo tiempo pasado fue mejor, sino desde una pregunta mucho más incómoda: ¿qué queda de nosotras debajo de todo lo que nos ha pasado?

Ahí está la esencia de esta gira. En buscar esa tierra original sin pretender que el camino recorrido no haya existido. Porque volver al origen no significa borrar las heridas, sino recordar que nunca fueron todo lo que somos. Bajo los sedimentos continúa existiendo una parte de Maialen que quizá solo necesitaba volver a ser escuchada.

Sin nada que esconder

Por eso tiene sentido que Pangea sea una gira acústica. La ausencia de una gran producción no funciona aquí como una carencia, sino como una decisión. Las canciones se desprenden de todo aquello que normalmente las rodea para quedarse con lo imprescindible: una voz, un piano, una melodía y unas letras que no necesitan demasiados intermediarios.

El formato de pequeño aforo permite que el repertorio habitual de Chica Sobresalto pueda mirarse desde otro lugar. Más cerca. Más desnudo. Más humano. La geografía emocional de Maialen deja de estar dibujada a gran escala y se convierte en un mapa que se puede recorrer casi a centímetros. Cada sala se transforma así en un espacio de reencuentro, de esos en los que no hace falta levantar demasiado la voz para que algo llegue al otro lado.

Y quizá por eso Pangea conecta tanto con la manera que tiene la navarra de escribir y de entender la música: sin maquillarla demasiado. Hay dulzura, sí, pero también violencia. Hay humor, contradicciones, miedo, deseo, rabia y ternura. Hay vida en todas sus formas, incluso en las que no quedan bien cuando las ponemos sobre el papel.

Una canción para cada lugar

Pero Maialen no quería que el viaje terminara en ella. Si Pangea habla de volver a un origen, también tenía sentido preguntarse por los lugares que han construido a quienes están al otro lado del escenario.

Por eso está cuidando la gira hasta el mínimo detalle. A través de sus redes sociales, la artista ha pedido a quienes van a acompañarla que compartan recuerdos, vivencias, rincones y lugares especiales de sus ciudades. Pequeñas historias que quizá nunca habrían encontrado un espacio en una canción y que ahora pueden convertirse en parte del concierto.

De ese intercambio nace algo especialmente bonito: ellos ponen las vivencias y Maialen pone el piano, la voz y unos versos escritos desde la mirada de quienes habitan cada lugar. Por ahora conocemos la canción dedicada a León, pero la intención convierte cada parada de la gira en algo más que una fecha dentro de un calendario. Hay una canción que pertenece a una ciudad y, sobre todo, a las personas que la viven.

Es una manera muy Chica Sobresalto de hacer las cosas. Escuchar antes de hablar. Dejar que la experiencia de los demás entre en sus canciones y devolverla transformada, pero reconocible. Como si cada ciudad pudiera mirarse durante unos minutos en un espejo construido con música.

Volver juntas con Pangea 2.0

Y después de recorrer León, Salamanca, Zamora, Granada, Alicante, Valencia, Barcelona, Sevilla y Bilbao, Pangea llegará a su último capítulo con dos fechas especiales que cambian de nuevo las reglas del viaje.

Pangea 2.0 será el cierre de esta etapa con dos conciertos: el 8 de abril en La Sala del Movistar Arena de Madrid y el 14 de mayo en Zentral, en Pamplona. Esta vez, Maialen volverá a subir al escenario acompañada de toda su banda.

Y no es un detalle menor. Porque si durante Pangea la artista se ha enfrentado a sus canciones prácticamente a solas, ese continente al que quiere regresar nunca ha estado habitado únicamente por ella. Su banda forma parte de esa tierra. Son las personas con las que ha construido su sonido, compartido kilómetros, pruebas de sonido, escenarios y todo lo que ocurre entre una canción y la siguiente.

Por eso Pangea 2.0 no parece tanto una ruptura con lo anterior como la consecuencia natural del viaje. Primero había que quitar capas. Volver a las canciones. Mirarlas de cerca. Preguntar qué queda cuando desaparece todo lo demás. Y después, quizá, volver a juntar las piezas.

“Incluso después de todas las fracturas, hay partes de nosotras que nunca dejaron de estar juntas”

Al final, Pangea habla de una idea tan sencilla como difícil de aceptar: podemos rompernos y seguir siendo nosotras. Podemos alejarnos de quienes fuimos y, aun así, encontrar aquella tierra intacta bajo todo lo que vino después.

Maialen vuelve al origen no para quedarse allí, sino para recordar que también puede empezar de nuevo. Lo hace con canciones que se desprenden de su envoltorio, con ciudades que le prestan sus recuerdos, con personas que encuentran un pedazo de sí mismas en una letra y con una banda que espera al otro lado para volver a encajar todas las piezas.

Quizá esa sea la verdadera Pangea de Chica Sobresalto: no un lugar al que regresar, sino la certeza de que, incluso después de todas las fracturas, hay partes de nosotras que nunca dejaron de estar juntas. Y cuando una artista consigue convertir esa certeza en canciones, ya no hace falta volver al principio.

Solo recordar que el continente, en realidad, nunca se fue.

 

Imagen destacada: Chica Sobresalto