En Why Not Magazine hemos hablado con Blue Jeans, que este 2026 aterriza en las librerías con una nueva novela, ‘Los 15 de Fosbury’. Una historia que pone el foco de atención en los deportes minoritarios.

Con su decimonovena novela, Blue Jeans vuelve a adentrarse en el thriller juvenil con ‘Los 15 de Fosbury’, una historia ambientada en una exigente academia deportiva donde quince jóvenes talentos persiguen un mismo objetivo: alcanzar la cima. Entre entrenamientos, rivalidades y una presión constante por destacar, el autor construye un relato marcado por la ambición, los secretos y la tensión psicológica.

Tras el impacto de novelas como La chica invisible’ o ‘El campamento’, ambas adaptadas a la pantalla, el autor reafirma su evolución hacia un suspense cada vez más oscuro. La reapertura de la academia Dick Fosbury, clausurada una década después de la misteriosa muerte de una joven gimnasta, sirve como punto de partida para una trama que mezcla crimen, emociones y conflictos generacionales.

Un escenario donde el pasado vuelve a cobrar vida cuando un nuevo asesinato sacude las instalaciones y convierte la lucha por el éxito en una auténtica carrera contra el miedo.

Charlamos con Blue Jeans sobre ‘Los 15 de Fosbury’

Why Not Magazine: Antes de dedicarte a tiempo completo a la escritura, ejercías de periodista deportivo. ¿Cómo recuerdas aquellos años?

Blue Jeans: Empecé estudiando Derecho, pero me di cuenta de que no era lo mío. Luego me mudé a Madrid para hacer la carrera de Periodismo y fue algo que me cambió la vida: viví en una residencia de estudiantes e hice un máster de periodismo deportivo. Hice muchas pruebas para entrar en varios medios, pero nunca llegué a ejercer de ello. Siento que tengo una espinita clavada con el deporte porque ser periodista deportivo era mi sueño.

WN: ¿Volverías a dedicarte a ello en algún momento de tu vida, puede que a corto o a largo plazo? ¿Lo echas de menos?

BJ: Si volviese a aquellos años, intentaría hacer las cosas de otra manera. Siempre tendemos a echar la culpa a los demás: en mi caso, siempre pensaba que era culpa de los jefes y de los medios el que yo no ejerciese de periodista, y probablemente también fuera responsabilidad mía. El mundo del libro es muy efímero, puede acabarse y el periodismo está ahí, claro.

WN: ¿Qué crees que te ha dado el periodismo a la escritura?

BJ: Mi estilo, mi forma de escribir: frases cortas y un tono muy directo. Odio repetir una misma palabra en un párrafo, por ejemplo. También la disciplina, esa dinámica de esfuerzo, trabajo y de intentar hacer las cosas bien.

WN: Hablando de escribir, tu decimonovena novela, ‘Los 15 de Fosbury’, está ya en las librerías. Se dice pronto esta cifra de libros, ¿no?

BJ: Sí. Hace 16 años, cuando no sabía qué iba a ser de mí porque no encontraba trabajo como periodista, quién me iba a decir que iba a publicar 19 novelas con Planeta. No todos los autores logran mantenerse en el tiempo porque es una profesión muy complicada y yo tengo la suerte de poder dedicarme a ello. Llegar a este número es motivo de celebración y felicitación y, sobre todo, de dar las gracias a los lectores, a la editorial y a mi entorno por mantenerme donde estoy hoy.

WN: ¿Te continúas ilusionando con cada nuevo lanzamiento?

BJ: Por supuesto, es algo que se me nota siempre; de hecho, intento que se note. También tengo esos nervios del lanzamiento, de qué va a pensar el lector y de cómo va a funcionar el libro. Son 19 novelas, pero siempre lo siento como la primera vez.

 

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WN: ‘Los 15 de Fosbury’ pone el foco en la Academia Deportiva Dick Fosbury y en esos quince jóvenes que compiten por la excelencia. ¿Cómo nace la idea de esta historia?

BJ: Igual que el año pasado escribí un libro dedicado al mundo de la literatura —‘La última vez que pienso en ti’, sentía que se lo debía también al deporte, otra de mis pasiones. Tenía claro que no quería alejarme de lo que vengo trabajando con el misterio, pero al mismo tiempo recordando aquel Blue Jeans de ‘Algo tan sencillo’ o de ‘¡Buenos días, princesa!’.

Todo lo he ido construyendo poco a poco. Sabía cómo iban a ser algunos personajes, otros han ido surgiendo conforme iba avanzando la novela y el resultado ha terminado siendo justo lo que quería: una novela juvenil donde el amor y el deporte estuvieran muy presentes y que fuera el lector el que jugase a ser el verdadero detective, como en los últimos libros que he escrito.

WN: ¿Te ha resultado fácil equilibrar esa parte más deportiva con el toque de thriller que está caracterizando últimamente tus novelas?

BJ: Sí, no ha sido lo más complicado. Es más difícil la construcción del misterio, que todo quede creíble y que las piezas vayan encajando, como si fuera un puzle. Son muchos personajes, cinco protagonistas, y todos (incluidos los otros diez) deben tener algún momento de importancia dentro de la novela.

Lo complejo es ver cómo vas enlazando historias, cómo ocultas lo que está pasando, cómo crear pistas falsas, cómo intentar que el lector juegue con la novela… Pero mezclar el romance, el deporte y el misterio ha sido divertido.

WN: ¿Qué te atrae de las novelas corales, esas llenas de personajes? Porque trabajar con quince protagonistas tampoco debe ser algo sencillo.

BJ: A mí me gusta que haya variedad de personajes para que cada lector pueda sentirse identificado con alguno de ellos. En el caso de este libro, son muchos, puedo volver loco al lector, pero cada uno tiene su esencia y trascendencia dentro de la trama. También tienen comportamientos muy contradictorios, que es algo que nos pasa a todos como seres humanos.

WN: Son muchos, pero ¿qué destacarías de ellos en general?

BJ: Tenemos cinco personajes con voz, que son los que llevan el peso de la narrativa. Por un lado, está Grecia, que hace halterofilia, se siente acomplejada por su aspecto físico y es víctima de acoso por redes sociales; de hecho, está inspirada en el caso de la jugadora de waterpolo Paula Leitón.

Izan es escalador y el guaperas, también el influencer del grupo y el que gana más dinero gracias a las redes sociales. Recuerda a la imagen de Alberto Ginés, el campeón olímpico de escalada. Este protagonista se enamora de Nerea, la chica nueva: jugadora de voleibol, recién llegada a la residencia para sustituir a otra compañera que se ha lesionado. La relación entre ellos acaba convirtiéndose en una especie de triángulo amoroso con Alejandra, obsesionada con la esgrima y la única con la que Izan ha mantenido relaciones sexuales hasta el momento.

Y el quinto personaje principal es Marcus Lee, de origen asiático. Es muy disciplinado y eso hace que pase prácticamente todo el día jugando al bádminton. Al entrar en la academia, comenzará a sentir otro tipo de cosas que ya no ponen en el centro de su vida el deporte.

WN: Antes de dar paso a los temas centrales, comenzaste escribiendo historias de amor y es un detalle que continúa presente en tus libros. ¿Por qué no renuncias a él?

BJ: Porque es muy difícil que en la vida real no te encuentres a alguien que no tenga pareja o que no esté enamorado o haya sufrido por amor. En una residencia con 15 chavales, es imposible que no haya algo de amor; no es lo central porque está el deporte, pero también lo hay. Mis libros son historias de actualidad y, si el amor es algo que está presente entre los jóvenes, debo incluirlo.

WN: El pilar fundamental de ‘Los 15 de Fosbury’ son esos deportes minoritarios y el elitismo que los asfixia. ¿Crees que el deporte de élite juvenil puede llegar a ser destructivo?

BJ: Claro que sí, pero también pienso que depende de cómo te lo tomes. Existen límites, aunque cada uno se marca los suyos. En el caso de los deportes minoritarios, la presión se suma a la falta de recursos, de ayudas y de atención por parte de los medios.

La palabra “fracaso” y las críticas a estos deportistas muchas veces llegan de personas que los han visto competir desde el sofá de sus casas sin mover ni una uña, y esto a la larga pasa factura a las personas que se encuentran detrás de las pantallas leyendo comentarios sobre sí mismos cuando no han logrado una medalla en los Juegos Olímpicos o han quedado últimos en una clasificación.

 

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WN: ¿Somos entonces conscientes de la exigencia no solo física, sino también mental que conllevan unos deportes así?

BJ: No, no somos conscientes de nada. Y no lo somos porque tampoco conocemos acerca de ello. Le damos mérito cuando salen cinco minutos en la televisión, pero no sabemos todo el esfuerzo que hay detrás de ello. Muchos de los deportistas que vive en el CAR de Madrid y Barcelona o que se van a estudiar a Estados Unidos para poder entrenar tienen que dejar a su familia aquí, y muchos de ellos son menores de edad.

Cuando he ido conociendo la situación personal y deportiva de muchos de ellos como parte del proceso de documentación para la novela, pensaba: “Madre mía, cómo está esto y qué mérito tienen”. Qué par de narices deben tener para querer continuar apostando por un sueño que en el 98% de los casos no se va a poder cumplir, pero ahí siguen. Y luego vengo yo y, desde mis redes sociales, me atrevo a escribir que vaya fracaso son.

WN: ¿Con qué te gustaría que se quedaran tus lectores al acabar la novela?

BJ: Está muy bien eso de lanzar un mensaje con las novelas, y en esta lo hay: el valor que tiene hacer un deporte minoritario a nivel competitivo. Pero, sobre todo, pretendo que mis lectores se entretengan y se diviertan. Vivimos un momento de actualidad muy complicado y los libros deben servir para desconectar.

WN: Para terminar, si hoy mismo fueras seleccionado en la Academia Deportiva Dick Fosbury, ¿qué deporte practicarías?

BJ: A mí me gustaría ser un periodista que entra dentro de la Academia para investigar qué es lo que realmente ha sucedido. Más que practicarlo, haría más un periodismo de investigación, y así no me alejo tampoco demasiado de lo que hago ahora.

 

Imagen destacada: Javier Ocaña – Editorial Planeta